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La revolución siria en su estado de coma

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Emad Hayyach_ARY_12.02.2020

 

Satea Nureddín.

Al Mudun, 19/03/2020

 

Carta a un amigo sirio en el exilio:

 

El coronavirus y el coma que ha impuesto en todo el mundo no han sido la causa de que el noveno aniversario de la revolución siria haya pasado inadvertido, como un acontecimiento del pasado, de una Historia remota. La revolución solo admite misericordia, sus pioneros solo merecen afecto, y su público solo ha obtenido un nuevo camino hacia la muerte.

 

El virus mortal ha sido un pretexto para el silencio, pero sobre todo ha sido una vía de escape para el ajuste de cuentas, o, por lo menos, para el debate que exige el noveno aniversario de la revolución o que viene impuesto por el inicio de su décimo año. Si tan solo hubiera preguntas que hacer, o respuestas que ofrecer a los más de veinte millones de personas que han sobrevivido pero han perdido su identidad y la conexión con el tiempo y el espacio, y que solo contactan ya para enumerar muertos, heridos, y prisioneros, o seguir el rastro de los desplazados por el mundo…

 

Ya no existe una revolución sobre la que hablar, ni sobre su experiencia, ni sus promesas ni su futuro. Y esto no se compensa diciendo, por ejemplo, que tampoco hay un régimen contra el que luchar. La existencia siria se ha vuelto una ilusión. De hecho, la mayoría de los sirios parecen, a la vez, partidarios y opositores, como seres artificiales sin ningún vínculo con el lugar de los hechos. El desgarramiento actual del patriotismo sirio estaría en el origen de esto, y lo demás son quimeras y cuentos. El fenómeno repetido del saqueo de tumbas no supone un obstáculo para la conducta, ni para la conciencia, ni para la cultura, como no supone un obstáculo exportar mercenarios sirios a ambos bandos de la guerra de Libia.

 

Cuando “el otro” no tiene derecho a una tumba en Siria, hablar  sobre una solución política, sobre la reconciliación nacional, sobre el perdón, es algo prematuro para dos, tres generaciones, incluso más, porque la liquidación final es lo único que se desea, aunque el conflicto ya no sea un conflicto solo entre sirios, ya que en algunos frentes hay combatientes de otros lugares que se han vuelto mayoría , y la puja  exterior por  Siria se ha convertido en lo  más importante y no tiene nada que ver con la agenda siria de hace nueve años.

 

El último choque entre Turquía y Rusia (que se ha calmado ahora, aunque no ha terminado) no ha podido tapar ni eliminar el noveno aniversario de la revolución. Parece que haya pasado un siglo desde el estallido de la revolución, con millones de sirios todavía fuera del país, lejos, y que se pasan la vida respondiendo a los rusos o a los turcos, a los del régimen o a los de la oposición, como en un duelo lingüístico o verbal, o en una competición para ganarse al público virtual de las redes sociales.

 

Esos millones de personas se han dividido en dos: una mitad que sigue dentro, formando parte del régimen o temiéndolo, y la otra en el exilio sin ver en la oposición otra cosa que los restos de cuerpos, grupos, organizaciones e incluso asociaciones que envejecieron a una velocidad vertiginosa. Y se explican, explican sus posturas, y se lanzan a la lucha de forma espontánea, individual y pasional, anunciando que el cambio de régimen no estará en sus manos hasta dentro de décadas.

 

Fuera de Siria, en Beirut, por ejemplo, lo que parecía una opción cómoda se ha convertido en un callejón sin salida. Los últimos cuatro años de la revolución brindaron la oportunidad de desentenderse de Siria, puesto que resultaba imposible ser tolerante con el régimen una vez destapada su crueldad; pero también resultaba difícil converger con los diferentes grupos islamistas de la oposición dominados por la barbarie. En cuanto a la duración de la diáspora siria, se trata de un asunto a prueba de paciencia puesto que la promesa de poner en marcha lo que podría llamarse, no sin controversia, la “Organización para la Liberación de Siria” es una mera utopía que no quita el sueño a Moscú ni a Teherán.

 

Lamentablemente solo queda la aproximación a la cuestión siria que resalta la situación de los desplazados en diversas partes del mundo, y que los confirma como la única esperanza, aún lejana, de cambiar por completo el régimen, y no solamente derrocar al presidente. Ellos merecían y se merecen algo mejor que Bashar al Asad y que los grupos islámicos sirios que degradan la idea y el sustrato de la oposición, ellos que se liberaron completamente del régimen y escaparon de Rusia e Irán, y a los que se les abrió un horizonte más amplio que nunca.

 

El éxodo es una oportunidad. Una esperanza, tal vez. O simplemente una idea que desafía el coma en tiempos del coronavirus.

 

Viñeta de Emad Hayyach para Al Arabi al Yadid

 

Traducido del árabe por Luis Serrano Lora en el marco de un programa de colaboración de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada y la Fundación Al Fanar.

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