Mónica Carrión

Emad Hajjaj. Al Arabi Al Yadid. 25/10/2021

La semana pasada, el primer ministro sudanés Abdala Hamdok puso de manifiesto su intención de convertir a corto plazo el gobierno de transición del país en un ejecutivo exclusívamente civil, pasando página a todo el periodo post Omar al Bashir durante el que civiles y militares han compartido de forma alterna la gestión del país en el Consejo Soberano. La respuesta no se hizo esperar y los militares daban portazo a dichas intenciones con un golpe de Estado del 25 de noviembre pasado con el que disolvían dicho consejo y declaraban el Estado de excepción en el país, anunciando que el poder sería asumido por un gobierno de figuras tecnócratas a la espera de la supuesta celebración de elecciones en 2023. La respuesta de la calle no se ha hecho esperar con un llamamiento a la desobediencia civil que llevó a miles de personas a manifestarse en la calle, protestas violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad.

En un informe publicado por Al Jazeera, su autor, Mohamed al Arabi, indica que “en un país como Sudán, que nada en golpes de estado, el colapso de la frágil alianza entre civiles y militares no ha sido en absoluto una sorpresa”. Al Arabi ahonda en las razones de lo que está sucediendo más allá de la falta de entendimiento entre esos dos bandos: “Sudán ha vivido desde el cese de Al Bashir en abril de 2019 cerca de seis tentativas fracasadas de golpe de Estado cuya finalidad ha sido acabar con la cúpula militar actual, lo que demuestra que hay una disparidad de fidelidades dentro de la institución militar (…) La cuestión no se limita pues a los temores de las fuerzas civiles a esa tendencia soterrada a los golpes entre los propios militares ni a su querencia por el poder, como demuestra la historia política de Sudán, sino que también tiene que ver con luchas silenciadas dentro del ejército, con luchas de distintas alas de los aparatos soberanos que quitan el sueño al gobierno y representan una amenaza para una transición pacífica”.

Emad Hajjaj. Al Arabi Al Yadid. 20/10/2021

El editorial de Al Quds al Arabi del 26 de octubre considera que “la facilidad con la que se ha ejecutado el golpe de estado demuestra que los aparatos militares, policiales y de seguridad en Sudán no han experimentado una reforma esencial que desarticule su sumisión al Estado profundo”. El editorial recuerda que “las pruebas sucesivas de cómo han desempeñado el papel de frente militar de las fuerzas contrarrevolucionarias” y defiende que “no resulta extraño que uno de los principales puntos de discrepancia entre los civiles y los militares del Consejo Soberano haya sido el deseo de Al Burhan [jefe del ejército y los golpistas] y de los generales de dejar de lado a las Fuerzas de Apoyo Rápido para que no tuvieran que rendir cuentas por los asesinatos de manifestantes pacíficos a lo largo de las diferentes fases de la etapa de transición”. Este artículo tampoco exculpa de lo sucedido a algunos elementos civiles del Consejo Soberano y recuerda “su división agravada en los últimos meses, la falta de claridad del programa de algunos de sus sectores, el estallido de choques estructurales por diferentes razones, o las escisiones continuas y cada vez más graves hasta el punto de llegar a formar elementos paralelos dentro de las Fuerzas de la Libertad y el Cambio”.

El diario libanés Al Ajbar publicaba un artículo el 26 de octubre en el que interpreta lo sucedido en clave regional apuntando a tres estados conocidos por protagonizar el eje de las contrarrevoluciones: “Pese a las reacciones relativamente tardías de Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Egipto al golpe militar de Sudán, esos tres países sabían en detalle lo que iba a pasar según han informado fuentes a Al Ajbar, que apuntan a mensajes previos en los que se decía que el ejército sudanés ‘no iba a permitir que se produjera una situación de caos en el país en la próxima etapa’ después de que el gobierno no lograra contener las diferencias entre su componente militar y su componente civil sobre los retos a los que se enfrenta el país”. 

Mónica Carrión es arabista y directora de proyectos de la Fundación Al Fanar para el Conocimiento Árabe.

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