Siguiendo los pasos de George Orwell, entre Barcelona y Alepo

Artículo original de Giyaz Taha, publicado en Syria Untold. 16/11/2021.

Traducido del árabe por Ibrahim Rifi.

“De repente Alepo se convirtió en Barcelona y Barcelona se convirtió en Alepo, y todo lo relacionado con la pertenencia se volvió confuso” nos cuenta el fotógrafo sirio Giyaz Taha en este texto en el que trata de abordar los conceptos de pertenencia, identidad y revolución mientras lee a George Orwell. Orwell escribió sobre Cataluña como si prácticamente hubiera escrito sobre Siria, lo que animó a Giyaz Taha a unir las fotografías realizadas en los primeros años de la guerra en Siria y los textos de Orwell en un juego que nos devuelve al pasado y nos traslada a Alepo.

“En un caso como este, nadie puede ser verdaderamente sincero, con todos los sentidos de la palabra sinceridad. Es difícil determinar la veracidad de un acontecimiento concreto a no ser que lo presencies con tus propios ojos. Todos los escritores se inclinan por un bando, intencionadamente o no. No sé si anteriormente he mencionado en mi libro la importancia de tener cuidado con mis prejuicios y errores a la hora de transmitir la verdad y la distorsión que inevitablemente se produce por ver la realidad desde un solo ángulo”

Homenaje a Cataluña. George Orwell. 1938.

Mientras atravesaba la cordillera de los Pirineos, en la frontera entre Francia y España, a punto de entrar en un pequeño pueblo catalán llamado La Vajol, vi a una persona con casco  y en motocicleta que se dirigía lentamente hacia mí. Lo primero que se me vino a la cabeza, estando en un lugar extraño, era si tenía demasiada pinta de parecer extranjero. No había duda en que la ropa que llevaba, mi mochila llena de manchas y mi cámara de plástico barata me delataban. Al acercarse a mí, me pregunta: “Hola, ¿de dónde eres?”.

Hola, ¿de dónde eres?

Para mí personalmente, la respuesta a esa pregunta no es nada sencilla, de hecho es muy compleja porque conlleva tener que explicar muchas cosas relacionadas con el lugar del que vengo, aparte de que no entiendo la necesidad de saber de dónde viene alguien ni qué información aporta la nacionalidad a la conversación.

Quizás el concepto de pertenencia sea una necesidad humana y natural para ser un miembro aceptado en un grupo humano concreto, pero pertenecer o no pertenecer es una experiencia muy subjetiva y personal. 

El problema de la pertenencia es que nos categoriza dentro de una determinada identidad y nos priva de cualquier posibilidad de rechazar esa etiqueta. Cuestiones como la xenofobia, la dictadura, la guerra o las crisis de los refugiados son temas que pueden aparecer e imponerse cuando respondemos a la pregunta “¿De dónde eres?”, que en mi caso tiene como respuesta “Soy de Siria”. Definiciones invisibles que se encarnan involuntariamente dentro de quienes pertenecemos a ese lugar

Debido a que el concepto de pertenencia es personal en todos los sentidos, me di cuenta de que creo en la no pertenencia y en la huida para evitar cualquier identidad en la que se me clasifique. Caminé  por la frontera entre Francia y España sin tener en cuenta ninguna restricción de tiempo ni espacio y disfruté de la libertad de no pertenecer. 

Las memorias de George Orwell en “Homenaje a Cataluña” arrojan luz sobre los detalles cotidianos de las facciones de izquierdas del bando republicano que lucharon contra el fascismo del General Francisco Franco en la guerra civil española. 

Leyendo su experiencia personal y sus observaciones sobre los grupos del bando republicano, encontré muchos puntos de conexión entre la experiencia de la revolución siria y la guerra civil española.

Aunque fue voluntario internacional en la guerra civil española, Orwell tenía un conocimiento muy profundo del conflicto, no solo porque luchó con la milicia marxista del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) sino por cómo relató su interacción cotidiana con todo detalle. Comenzó escribiendo sobre su llegada a Barcelona y finalizó en el Frente de Aragón. 

Leyendo sus memorias me parecía que había escrito sobre Siria y no sobre España. El estilo poético de la narración refleja cómo se militarizó la revolución siria en Alepo, que es lo que sucedió en Barcelona. 

El libro me hizo volver a mi abandonado archivo fotográfico. Por aquel entonces había dejado de lado mi afición por la fotografía para evitar hundirme en un mar de tristeza y dolor, y también porque no entendía por qué no podía ver las fotos que había hecho. 

Pero entonces comencé a recopilar los textos de Orwell y las fotos que había tomado en Alepo entre los años 2012 y 2014. La combinación de esas fotos y esos textos eliminó la delimitación territorial de la idea de pertenencia. La descripción de Orwell sobre la lucha del pueblo  en las calles de Cataluña y mis fotografías me hicieron revivir la lucha popular en Alepo. De repente Alepo se convirtió en Barcelona y todo lo relacionado con el concepto de pertenencia se volvió ambiguo. 

“¿De dónde eres?”

El chico que iba en la moto repitió la misma pregunta en inglés al darse cuenta de que no entendía castellano. 

–  Soy holandés -pensé que esa respuesta me permitiría continuar mi camino en paz. 

– No pareces holandés ¿De dónde eres de verdad? -preguntó con una simpática sonrisa. 

– Soy sirio. 

Abrió sus ojos asombrado y me invitó a que le siguiera.  Después de caminar unos cinco minutos señaló hacia los montes de La Jonquera y aclaró: “Ese camino lleva a los Pirineos, en el año 1939 era un corredor a través del cual más de 500.000 españoles huyeron para refugiarse en Francia, como vosotros en Alepo». 

Y sin terminar de asimilar mi sorpresa de escuchar la palabra Alepo, señaló a un viejo edificio de tres plantas y dijo: “Los franquistas estaban a dos días de ser derrotados por los republicanos mientras el último presidente de la República, Manuel Azaña, organizaba aquí los camiones en dirección al exilio. Todos esos camiones evacuaban cuadros del Museo del Prado, así como joyas y valiosos objetos de colección de gran valor para el Estado, con el fin de alejarlos de esta zona, de Franco y ponerlos bajo la custodia de la Liga de Naciones».

Cuando vi un grafiti  en una pared con los colores de la bandera republicana acompañado de la frase en catalán “Visca la Republica” no pude no cortarle: “¿Qué significa esa frase?». 

Me sonrió y me respondió: “Visca la república, viva la república” y “toda la gente que lucha por la libertad en todas las partes del mundo”. 

Me sobrevino una sensación muy extraña. Dejé de saber si el conductor de la moto era sirio o catalán español. Perdí el sentido de la no pertenencia y me di cuenta de que era imposible no pertenecer. Descubrí que pertenezco a la no pertenencia. Lo que hizo esa persona en una conversación tan obvia fue lo mismo que hice yo con el libro de George Orwell durante tres años. A pesar de su identidad y de su procedencia, para él pertenecer era lo mismo que para mí, contra el fascismo o contra la dictadura, en el pasado o en el presente, en España o en Siria. En el momento en el que el conductor de la moto reveló que yo pertenecía a Cataluña, sentí su homenaje a Alepo.

 

La mezcla de imágenes y textos a continuación son parte de la obra titulada «Homenaje a Alepo«. Las imágenes fueron tomadas entre 2012 y 2014 en Siria y van acompañadas de extractos del libro «Homenaje a Cataluña»

de George Orwell.

 

«Era un joven de aspecto rudo de unos veintiséis años de edad, de espalda ancha y con la postura rígida. No sé qué rasgos de su rostro me despertaron esa sensación, pero su rostro es el de un hombre capaz de matar y sacrificar su vida por un amigo. Es el tipo de rostro que cabría esperar de los seguidores del anarquismo.

Es curiosa la pasión que se puede llegar a sentir por alguien que no conoces. Era como si su alma y mi alma hubieran logrado temporalmente salvar el abismo del lenguaje y la cultura para encontrarse en la absoluta intimidad; me gustaría que él también hubiera tenido ese sentimiento. Pero pronto me di cuenta de que para conservar mi primera impresión sobre él no tenía que volver a verle. No hace falta decir que nunca lo volví a ver».

«Lo que ocurrió en España no fue solamente una guerra civil, sino el inicio de una revolución. Esa fue la realidad que acompañó a la prensa antifascista fuera de España y sus esfuerzos por explicar al mundo que era la lucha de la democracia contra el fascismo».

«A la luz de las alegres calles, con sus banderas multicolores, sus carteles publicitarios y las multitudes reunidas, había una sensación inequívocamente aterradora de rivalidad política y odio. Personas de diferentes ideologías advertían: «se avecinan problemas, el peligro es evidente». 

“En nuestra tercera mañana en Alcover (Tarragona), el sargento, de cara áspera y amarillenta, repartía las armas en un establo de mulas. Me horroricé al ver lo que me habían dado; la ametralladora estaba oxidada, el cerrojo estaba muy duro y la protección de madera estaba rota. Una mirada al interior del cañón me dejó claro que estaba roto y que rezar por ella no serviría de nada». 

“¡Gloria a la guerra, sin duda! Todos los soldados iban vestidos, al menos cuando el tiempo era lo suficientemente cálido. Los hombres que lucharon en Verdún, Waterloo, Flodden, Senlac y Thermopylae tenían piojos que les corrían por los testículos”.

«La granada utilizada en ese momento daba miedo. Era conocida como FAI, y había sido fabricada por los anarquistas en los primeros días de la guerra. Se basaba en la bomba Mills, pero esta estaba sujeta con cinta adhesiva y no por un tirador como la bomba Mills. Hay que quitar la cinta y lanzarla lo más rápido y lejos posible. Se dice que estas granadas atacan al que las detona y al que es alcanzado por ellas».

«Dije que estaríamos bien mientras tuviéramos cigarrillos. Lo dije como una broma. McNair llegará en media hora con dos paquetes de Lucky Strike. Ha desafiado las calles oscuras tomadas por las patrullas anarquistas que le detuvieron y amenazaron varias veces».

«Nunca olvidaré este pequeño acto heroico. Nunca olvidaré nuestra alegría por los cigarrillos». 

“No es agradable ver a un joven español de quince años en una camilla, pálido y aturdido,  asomado entre las mantas, y luego pensar que gente vestida con elegancia desde Londres y París escribe panfletos en los que le llamana fascista. Una de las características más terribles de la guerra es que la propaganda , las mentiras y el odio siempre provienen de quienes no están luchando ”.

«Dejo constancia de esto, aunque pueda parecer banal, porque es mi homenaje a España. Por los destellos de grandeza que transmiten los españoles en las peores circunstancias. Tengo muchos recuerdos malos de España, pero tengo muy pocos recuerdos malos de los españoles”.

 

Giyaz Taha, es fotógrafo y videógrafo, combina fotografía e imagen en movimiento con materiales alternativos para crear obras de arte. Es colaborador de Syria Untold y actualmente reside en los Países Bajos. 

 

Título original:

غياث طه. Syria Untold. 16/11/2021. الحنين إلى حلب

Enlace original aquí

 

 

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