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Editorial: El difícil camino de Astaná a Damasco

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Astana

Al Quds al Arabi, 24/01/2017

El borrador del comunicado conjunto de Rusia, Turquía e Irán sobre el “encuentro internacional relativo a Siria” celebrado en la ciudad de Astaná, capital de Kazajistán, aporta una concepción renovada del arreglo en Siria basada en un conjunto de principios políticos entre los que destaca el acuerdo de esos tres países del que se hizo eco un comunicado de sus ministros de Exteriores que vio la luz en Moscú el 20 de diciembre de 2016, y del que resultó la resolución 2336 del Consejo de Seguridad de la ONU con fecha del 31 de diciembre de 2016; esa resolución, elaborada por Moscú, contemplaba el apoyo a un cese de los combates y a un proceso político para “un arreglo de la crisis”.

El primer logro de esta reunión ha sido reunir a la mesa de negociaciones a una delegación de la oposición siria armada con una delegación del régimen de Bashar al Asad. Se trata de uno de los resultados del complicado cauce de la lucha siria que en la práctica concluyó con un cambio del equilibrio de fuerzas sobre el terreno que forzó un cambio de la oposición siria. Las razones de ese cambio son muchas aunque la más importante fue la intervención directa de Rusia e Irán cuyo último fruto fue el gran golpe que recibió la oposición siria al caer el este de Alepo en manos del régimen sirio y sus aliados (…). El segundo gran cambio se produjo en Turquía, que intentó muchas veces reciclar perspectivas con la política estadounidense en la era del ex presidente Obama, centrada en la alianza con el gran enemigo de Ankara, el PKK, a través de su representante en Siria, el Partido de la Unión Democrático, quien aprovechó la coyuntura para intentar hacerse con el control de la frontera turco-siria y crear un mini-Estado kurdo lo que debilitó a la oposición siria y contribuyó a mantener la legitimidad del régimen de Al Asad, y a salvar a este de las sanciones prometidas por sobrepasar la línea roja de las armas químicas. A estos dos cambios hay que añadir que Moscú era consciente de las grandes repercusiones de seguir combatiendo en Siria sin olvidar lo que le ha costado la fase de enfrentamiento político y económico con Turquía. Tampoco podemos omitir que Irán siente que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. los vientos en la región podrían serle desfavorables, y esto explicaría los guiños que ha hecho a Arabia Saudí últimamente.

No obstante, todo esto no significa que Rusia, Irán y Turquía (dejando a un lado a las delegaciones de la oposición y del régimen sirio) hayan llegado realmente a un acuerdo sobre Siria (…)

Viñeta de Hasán Bleibel

 

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