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EDITORIAL. El EIIL y el califato islámico

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Al Bagdadi en Mosul

01/07/2014, Al Quds al Arabi

El llamado Estado Islámico (antes el Estado Islámico de Iraq y Al Sham) no ha podido resistir el atractivo de las conquistas fáciles y extensas que ha logrado en un breve espacio de tiempo y ha decidido establecer una califato islámico el primer día de Ramadán como un deber religioso, y ha pedido a los musulmanes de todo el mundo que escuchen y obedezcan a quien ha sido nombrado califa tras consultar con «ulemas y con el Consejo de Al Shura». No se han preocupado mucho por la escena surrealistas o las risas desencadenadas al informar a más de mil millones de musulmanes sobre los nombres de los ulemas que se han atribuido a sí mismos esa autoridad o sobre sus competencias.

El anuncio del califato se hizo en un largo comunicado lleno de textos religiosos para hacer chantaje emocional a cientos de millones de musulmanes y captar a quienes pertenecen a otras organizaciones, un comunicado que merece ser estudiado si existe una verdadera intención de buscar las raíces del terrorismo y de hacerle frente en lugar de aceptar o justificar sus crímenes.

Estos son algunos comentarios rápidos a ese acontecimiento supuestamente histórico y mundial que es la resurrección del califato que borra fronteras, presas, convenios internacionales, monedas locales y elimina regímenes y gobiernos a la espera de los «nuevos gobernadores»:

1. El portavoz del califa ha considerado la declaración del califato «la consecución del sueño de los yihadistas» y con ello se está refiriendo a los grupos que ejercen la violencia y el terrorismo en nombre de la religión, y a cuyos miembros la mayor parte de los medios de comunicación árabes y no árabes se empeñan en denominar «yihadistas» aunque cometan crímenes contra la humanidad, dando a esos grupos «cobertura religiosa falsa» lo que supone una humillación para el amplio concepto de la yihad en el islam o una acusación implícita de terrorismo contra esa religión.

2. Al Adnani, el portavoz del califa, ha hablado de «romper cruces, ejecutar atentados, cortar cuellos y beber sangre» con orgullo. Es importante que los musulmanes sepan en qué libro han leído Al Adnani y su califa que el califato se levanta eliminando a los creyentes de otras religiones y destruyendo sus lugares de culto. ¿En qué confesión o en qué Estado se promociona ese tipo de ideas que como ya ha quedado demostrado son suficientes para destruir una comunidad entera?

3. Veinticuatro horas después del anuncio del califato del EIIL ningún referente religioso ni ningún gobierno islámico habían hecho declaraciones sobre ese comunicado, ni siquiera los partidos de la corriente del islam político. ¿Es ese silencio sospechoso? ¿Un silencio de vergüenza o de complicidad o una forma de reconocer parte de su responsabilidad en la difusión de esas ideas?

4. La declaración del califato es en la práctica una declaración de guerra contra todo aquel país islámico que se niegue a aceptar la bandera de Abu Bakr al Bagdadi ya que cualquier musulmán que se niegue a rendir pleitesía al califa es considerado un renegado. Es decir que todos los países vecinos están técnicamente en estado de guerra, sobre todo si tenemos en cuenta que el califato del EIIL no puede dejar de lado los lugares santos del islam y por lo tanto debemos esperarnos cualquier tipo de cisma o de matanza sectaria.

El anuncio por parte del EIIL de «su califato» es un punto de inflexión en la postura de los grupos que insisten en distorsionar la imagen del islam y en los términos gratuitos que emplean algunos medios de comunicación para hacer una defensa indirecta del terrorismo. Pero este momento también debe ser una ocasión para detenernos con valentía ante la herencia religiosa y someter todo su discurso a una revisión racional global en busca de las raíces de esa distorsión de la religión y de la historia que está siendo maximizada hasta convertirla en un fenómeno internacional que representa un gran peligro para el mundo entero pero sobre todo para el islam y los musulmanes.

 

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