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EDITORIAL. Orlando: islamofobia, homofobia y el comercio de la política y las armas

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Latuff_islamofobia

Al Quds al Arabi, 14/06/2016

El ataque de Orlando ha sacado a la luz muchas historias interesantes sobre su ejecutor, Omar Mateen, y sobre su familia, su trabajo y su padre, y ha abierto un gran debate sobre el comercio de armas en EE. UU. y su relación con la política de Washington en el mundo islámico; el ataque también ha sido usado en la actual lucha electoral por la Presidencia.

Esta matanza individual, la mayor de su tipo en la historia del país (…) ha puesto al descubierto muchas grietas estadounidenses e internacionales ya que no solo se trata de un gran crimen contra civiles, sino también de un crimen contra un estilo cultural determinado, el que representan unos homosexuales reunidos de fiesta en una discoteca.

Aunque el ejecutor del ataque era musulmán, había nacido en EE. UU. y era parte de esa misma cultura occidental y su homofobia coincide con la homofobia latente dentro de la cultura estadounidense, sobre todo en ese cinturón cristiano conservador considerada la cuna natural del reaccionarismo tradicional estadounidense y de sus diferentes clases de racismo: contra la mujer, contra los homosexuales, contra los negros, contra los latinos… y contra los musulmanes.

(…)

El ataque ha reabierto una vieja polémica sobre el segundo artículo de la Constitución estadounidenses que permite a cualquier ciudadano del país comprar un arma, pero este tema ha sido ignorado en beneficio de cuestiones de la política exterior de Washington, y más concretamente del tema del Estado Islámico.

Resulta cómico que el candidato Donald Trump vuelva a hablar de la prohibición de la entrada de musulmanes en EE. UU. cuando el ejecutor de los ataques de Orlando era un estadounidense emigrante, como los abuelos de Trump y no un refugiado procedente de Siria o Iraq, que representa la cultura estadounidense y su violencia, y que empleó las propias herramientas de esa cultura. El hecho de que Mateen anunciase su lealtad al Estado Islámico es solo el toque necesario de la “action” estadounidense presente en esa cultura, desde las películas de Hollywood, los videojuegos y los cómic de superhéroes, hasta las operaciones de las tropas especiales estadounidenses y los bombardeos de sus drones por todo el mundo.

En uno de los comentarios críticos de Trump a Obama, el primero pedía al segundo que empleara el término “terrorismo islámico”, un término que pretende sacar la violencia de su contexto individual o vincular el Estado Islámico a todos los musulmanes, es decir, a más de 1.400 millones de personas; y es un lema que, por desgracia, da al Estado Islámico la credibilidad que desea porque coloca a todos y cada uno de los musulmanes bajo una seudo-pertenencia al grupo, y además transforma la lucha contra el racismo, el extremismo y el terrorismo (…) en una guerra cultural entre musulmanes y cristianos, que es lo que más conviene a los racistas de las dos partes de la ecuación.

(…)

 

Viñeta de Latuff para Al Quds al Arabi

 

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