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Encuentros entre humoristas gráficos, estudiantes y presos para ver Túnez desde diferentes perspectivas

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Vanessa Szakal

Publicado originalmente en nawaat.org el 18/10/17

 

A lo largo de este año, humoristas gráficos tunecinos se turnarán dibujando y debatiendo con estudiantes y presos a lo largo del país. “Dibujemos la paz y la democracia” es un proyecto colaborativo de Cartooning for Peace, el Instituto Árabe de Derechos Humanos (IADH) y la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT). Una jornada de formación de dos días en el IADH en Túnez marcó el comienzo de este intercambio entre funcionarios de prisiones, educadores extraescolares y seis humoristas gráficos

 

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Este encuentro permitió a los participantes colaborar en el diseño de talleres de humor gráfico para presos de las cárceles de Mornaguia y Mornag y jóvenes del reformatorio de Mghira. También está dirigido a estudiantes de los “clubes de ciudadanía”, formados a iniciativa conjunta del IADH, Naciones Unidas y el gobierno tunecino para la educación cívica y de derechos humanos. Según los organizadores del proyecto, los clubes y cárceles que participaron en esta primera jornada marcan solo el inicio. Se espera que los que participaron en este primer encuentro formarán a sus colegas en los próximos meses. Aprovechándose de sus contactos en los 23 clubes de ciudadanía esparcidos a lo largo del país, el IADH convocó a educadores de las diferentes regiones a la reunión en Túnez, según explica Maya Ben Khaled, directora del programa. Mientras nos enseña las ilustraciones que se utilizarán en los próximos talleres, explica que las viñetas sirven para que los estudiantes debatan temas que se consideran tabú y no se tratan en el programa escolar, como pueden ser la pena de muerte o los derechos sexuales y reproductivos.

 

Por su parte, la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT) llevó la iniciativa a las cárceles. Emtyez Bellali, coordinadora del proyecto para la OMCT, indica que la participación de las autoridades penitenciarias tunecinas sigue la dinámica de estos últimos años, que busca proveer a los presos de actividades culturales y artísticas. Muestra de ello es, entre otras, la participación de los prisioneros de Borj Erroumi en el Festival Internacional de Bizerte el pasado agosto. “Es extraño porque estamos en Túnez, pero trabajamos bien con las autoridades. Ya son años.” Y del proyecto actual dice que es una “colaboración importante” basada en la confianza.

 

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La mayoría de los que participaron en las jornadas parecen estar de acuerdo en que dos días no bastan. Al final del segundo día, los trece coordinadores de clubes, doce funcionarios de prisión y seis humoristas gráficos parecían cansados y repletos de ideas, fruto de estos contactos inusuales. Los participantes se dividieron en grupos de cuatro o cinco, donde establecieron los fundamentos de los talleres que se llevarían a cabo. Unos cuantos se quedaron al acabar la jornada, charlando con un café o haciéndose fotos delante de las ilustraciones. Mientras los participantes se iban despidiendo, alguno de los dibujantes compartió su experiencia hasta ahora, empezando con las ilustraciones que enviaron para los talleres y la exposición itinerante.

 

Para Chedly Belkhamsa, que lleva desde los años 60 haciendo ilustraciones para prensa, estos dos días han sido una oportunidad para entender algunas de las particularidades y sensibilidades de dos grupos muy diferentes. En el caso de los presos, por ejemplo, los artistas recibieron información sobre cómo conectar sin evocar temas o hacer preguntas que pudieran ser hirientes o demasiado personales. Y, en otro contexto, cómo relacionarse con la juventud: “cómo enseñarles, cómo hablarles de nuestro trabajo, de sus complicaciones y peligros”. Los jóvenes, dice Belkhamsa, no son conscientes de las implicaciones de dibujar para la prensa en Túnez. “No conocen los peligros de trabajar en Túnez, especialmente si nos metemos en política. Hay gente que ha tenido problemas, que ha ido a la cárcel o que se ha pasado mucho tiempo escondida, como Z, o que se han quedado sin trabajo, como Tawfiq”. Belkhamsa señala algunos ejercicios y preguntas para concienciar sobre este aspecto: “¿Qué es un humorista gráfico en un país donde los periódicos tan apenas llegan a algunas regiones?” También a veces esconde algunos elementos de una imagen y pregunta a qué les recuerda, e interroga a los participantes sobre qué más se podría quitar o añadir. Por otro lado, cree que viajar por el país visitando los clubes y cárceles les abrirá los ojos también a los artistas. “Los que dibujamos somos a menudo personas muy reservadas. Trabajamos desde casa y no solemos relacionarnos más que con familia y amigos”.

 

Z, que desde 2007 crea viñetas políticas sobre Túnez en el extranjero y también ha trabajado con Cartooning for Peace en proyectos anteriores, está de acuerdo con Belkhamsa: “Las cosas podrían haberse quedado en nada pero creo que acabará en proyectos concretos a través de los cuales los artistas también saldrán de su burbuja al mundo real y en contextos difíciles, lo que lo hace más interesante. Que un dibujante vaya a una escuela no es tan poco frecuente, pero sí que es raro que vaya a una cárcel; allí, sí que entrarán en contacto con otro público y otra realidad”.

 

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Nadia Khiari, creadora de las viñetas Willis from Tunis, ha colaborado tanto con Cartooning for Peace y la OMCT en diferentes iniciativas fuera de Túnez. Según nos cuenta, las preparaciones para el proyecto en Túnez empezaron hace más de un año. A Khiari, que lleva más de veinte años trabajando como profesora, le apasiona intercambiar ideas con jóvenes y tiene muchas ganas de empezar a trabajar con prisioneros. Le impresionó la energía y entusiasmo de los funcionarios de prisiones que conoció y, más en general, la voluntad de las autoridades penitenciarias de llevar el arte y la cultura a las prisiones.

 

Khiari explicó que el objetivo de los talleres no es enseñar a dibujar, sino ayudar a los participantes a hacer frente a asuntos difíciles “con ligereza”. Para Khiari las ilustraciones de prensa son “un vector para la libertad de expresión, para compartir opiniones diferentes, para reflexionar sobre temas sensibles e incluso tabú”. Por ello, es importante tratarlas en las cárceles y escuelas. Se trata, según dice, de “cuestionar el orden establecido, dar un paso atrás y ver el problema desde ángulos diferentes. El objetivo es compartir nuestro trabajo y decir que todos podemos hacer sátira solo hablando de nuestras experiencias personales y nuestra opinión. No tienes que ser un experto en política para ello” concluye con una sonrisa.

 

Pies de foto:

1- Caricatura de Tawfiq Omrane sobre el sistema educativo antes y después de la revolución tunecina, (IADH, Septiembre 2017)

2- Chedly Belkhamsa intercambiando ideas con los participantes durante el taller

3- A Nadia Khiari, alias Willis from Tunis, le impresiona la energía y entusiasmo inaudito de los funcionarios de prisiones

 

Traducido del inglés Leandro J. Español Lyons en el marco de un programa de colaboración de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada y la Fundación Al Fanar.

 

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