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Iraq: la teoría de la conspiración y los retos de la revolución

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Muhna al Yubail, 26/06/2014, Al Yazira

Los acontecimientos de Iraq se han acelerado de tal manera que los organismos mediáticos y de investigación no han podido estudiar minuciosamente sus causas ni prever qué va a pasar en el futuro.

Lo más notable es la importancia de la estructura establecida por la doble ocupación estadounidense e iraní a Iraq en abril de 2003 tras la caída de Bagdad, la extraña fabricación de una llamada democracia a partir de unos sistemas y de un patrimonio sectario muy feos, y la historia imaginada patrocinada a nivel internacional que recibió Iraq. Pese a todo ello no se lograron las condiciones mínimas de un Estado que se mostró como un cantón sectario y enfermo impuesto sobre Iraq que se desplomó ante un examen público y el escándalo históricos de quienes lo fundaron.

El gran acontecimiento que se produjo tras la caída de Mosul y las operaciones posteriores (independientemente de quienes fueran los autores del ataque militar) demostró que el legislador internacional, los organismos políticos y mediáticos de la Unión Europea y el mundo de los intereses de Tel Aviv a Beijing son socio activo y fuerte de la estructura sectaria diseñada por Irán. Esos frentes creen que esta estructura es el caballo de Troya de sus intereses colonialistas que comparten con Irán, pues temen que los acontecimientos deriven en un movimiento de liberación de la voluntad de Iraq y de Oriente.

Es decir, se puso de manifiesto que ese pobre proyecto sectario asentado en Iraq y la región que se contradice con las más básicas leyes humanitarias está siendo respaldado internacionalmente porque es el brazo de esos intereses. Las reglas del juego iraní pasaron de la fetua Al Sistani y la milicia de Abu al Fadl al Abbás y Hasán Nasralá al brazo internacional de la OTAN y Washington en una escena iraquí ensangrentada.

Para repetir la escena de Damasco donde se han degollado sus esperanzas de revolución democrática, a Iraq se le degolló con el sectarismo y los bombardeos de la Administración estadounidense, un degüello que en Siria protagonizaron los aviones de Al Asad y en Iraq protagonizaron los aviones del Pentágono con los que hoy amenazan nuevamente dejando claro que Washington está de acuerdo con Teherán para proteger el cantón sectario de intereses comunes, una realidad muy alejada de la democracia y la libertad.

Esta crisis ha vuelto a destapar la crisis de la conciencia política de las sociedades del mundo árabe, muy frustradas por el aborto sangriento de su primavera y la aparición de proyectos dispersos en los que se mezclan la conspiración, la resistencia y el conflicto entre la voluntad y la opresión social, sectaria y política que se le ha impuesto al pueblo iraquí y a su comunidad suní.

Iraq vivió una explosión sistemática cuya plataforma fue fabricada por la ocupación con la que colaboró la ideología salafista sectaria y su brazo militar en el EI y en otras organizaciones similares, hasta que la situación general llegó a tal nivel de putrefacción que hubo que anunciar oficialmente que se estaba produciendo una guerra sectaria que llevaba la huella del referente religioso oficial.

Uno de los principales problemas del mundo árabe en sus tentativas de salir del estrecho de la dictadura, la ocupación y la ignorancia que se contradice con el pensamiento islámico correcto, ha sido la negativa a redibujar la imagen de cualquier escena y de valorarla con objetividad y lógica dejando de lado los sentimentalismos que han contribuido a rechazar las advertencias políticas, la conciencia intelectual y las bases de movilización para que el barco llegue a buen puerto.

Esta experiencia es la que se vivió en Egipto cuando se aconsejó a los Hermanos Musulmanes que relativizaran su victoria, neutralizaran a sus rivales y tendieran puentes a una asociación para cercar al Estado profundo pero no hicieron caso y cayeron en la trampa. Algo similar se vio en la falta de seriedad con que se tomó el ascenso de Al Qaeda bajo el nombre del EI o de otras organizaciones con el apoyo de donaciones populares del Golfo, y que causó la división del símbolo popular de la resistencia que es el Ejército Libre de Siria a pesar de los errores que pudiera cometer y que siguen siendo secundarios. Esta experiencia exige una mayor sensibilización de la opinión pública e incluso que se lideren proyectos de liberación intelectual y política en el mundo árabe.

El problema de confundir conspiración y oportunidad ha hecho que perdamos la vía que se debe tomar a través de la teoría de la cautela, de la filosofía de superar los elementos de superioridad, de calibrar la victoria a partir de un margen de tiempo amplio a favor de los intereses estratégicos de los pueblos y de su seguridad teniendo claro que el objetivo es su liberación con el pensamiento por el que opten. El mismo escenario se repitió en Libia que despertó al mundo árabe y avivó las esperanzas de sus pueblos con una lectura del verdadero enojo popular que sacude a los partidarios de la revolución.

Es verdad que hay una conspiración aprovechada por los enemigos de Libia para derramar más sangre, pero también se ha producido un verdadero fracaso debido a la incapacidad de las fuerzas islámicas y revolucionarias de contener el proyecto nacional y neutralizar la idea del EI en la revolución. Además, para eliminar cualquier posibilidad de cooperación con las fuerzas liberales, algunos islamistas utilizaron fetuas que rebotaron contra la idea de la fundación del Estado de la revolución constitucional, y ese fracaso pone en peligro su victoria y la victoria del pueblo y de sus sueños.

La reaparición de la teoría de la conspiración en la conciencia de las elites árabes y la opinión pública sigue siendo un problema en sí, sobre todo cuando no se diferencia entre una conspiración potencial que provoca el suceso o una conspiración que lo invierte o una conspiración que lo usa.

Por lo tanto para equilibrar nuestro pensamiento necesitamos profundidad de visión, organización de ideas y aprender lecciones de los principales acontecimientos que está viviendo el mundo árabe. La mentalidad árabe debe dejar de lado lo emocional, no porque la conspiración no sea un hecho real muy repetido en la historia de la humanidad y una puerta de acceso para los servicios de inteligencia regionales e internacionales, sino porque el acontecimiento nace también de datos reales. Por eso hay que usar la inteligencia a favor del pueblo y de su proyecto de libertad en lugar de maldecir conspiraciones ya pasadas que solo generan más conspiraciones.

Es importante, en este sentido, que el pensamiento árabe contemporáneo, con todas sus tendencias y corrientes que buscan de forma sincera un proyecto avanzado humanista y constitucional para el mundo árabe, y en cuya vanguardia se encuentra el movimiento islamista, tenga en cuenta que los acontecimientos, los hechos y las revueltas no aportan un proyecto de salvación total, sino que solo suponen una etapa de liberación gradual que sirve como plataforma.

Lo que está sucediendo en Iraq tiene claves para entenderlo, y la última de ellas se remonta a 2011 cuando en Iraq nació por primera vez un movimiento civil de fuerzas populares con un discurso nacionalista civil que regulaba la relación entre las dos comunidades y defendía medios pacíficos. Irán reprimió ese movimiento con un claro respaldo de EE. UU., temerosos ambos países de que esas nuevas ideas creasen una plataforma de reglas básicas que permitiesen recuperar Iraq de las manos de sus ocupantes y sus captores.

Ese temor se veía claramente en los discursos del gobierno de Maliki que recurrió a dispersar las protestas con la fuerza y la represión. El movimiento de solidaridad nacional revivió la idea de la resistencia civil y de la recuperación de la identidad de Iraq y se construyó sobre la idea de la salvación constitucional del pueblo fuera del proceso político de la ocupación, lo que puso en situación crítica a Maliki que empezó a combatir a los protagonistas del movimiento con campañas de tortura y represión contra ellos y sus mujeres, y marginando, matando y reprimiendo a los suníes iraquíes.

En ese momento la organización matriz del EI que se fundó con la organización de Al Tawhid wa Al Yihad, que se convirtió más tarde en una facción leal a Al Qaeda para luego separarse de ella en Siria después de entrar en conflicto con su otra rama en el Frente de Al Nusra, estaba perdida entre el desierto y las regiones de Siria donde fue rechazada por la base popular suní de la resistencia.

Desde la revuelta de 2011, las tribus árabes de Iraq crearon equipos para proteger a los manifestantes y emprendieron acciones militares para protegerlos del bombardeo de las fuerzas de Maliki aprovechándose del hecho de que las facciones de la resistencia iraquí (que derrotaron a Washington en 2006 antes de que estallara la guerra sectaria) están formadas por los hijos de estas tribus, o sea que la nueva plataforma que precedió a los acontecimientos de Mosul y la liberación de sus prisioneros y sus mujeres inocentes se formó con esas fuerzas nacionales tribales.

Solo entonces los grupos del EI, en coordinación con el partido baacista árabe representado por oficiales de las Fuerzas Armadas iraquíes de antes de la ocupación, entraron en escena para coordinar una acción militar organizada aprovechando la fragilidad del cuerpo militar del cantón sectario que se derrumbó por la organización de filas de su enemigo y la buena ejecución del plan de ataque y del asalto militar por parte del EI. En este momento, las masas del pueblo cercado y asfixiado de Mosul se apresuraron a declarar la ciudad capital libre del proyecto de la revolución.

Al mismo tiempo, los revolucionarios de las tribus de Saladino, Tikrit y Al Anbar, entre otras zonas, tomaron la iniciativa de intensificar el ataque contra las fuerzas de Maliki y se hicieron con áreas rurales para establecerse lejos del alcance de las tropas y las milicias de Maliki y de la ocupación que tanto les había maltratado en los últimos años. El EI también aprovechó la oportunidad para ocupar otras zonas que habían dejado libres las fuerzas de Maliki.

Sobre el terreno están operando las tribus y sus revolucionarios, las facciones de la resistencia, líderes políticos nacionalistas y ulemas, concretamente el Consejo de Ulemas Musulmanes que presentó los principios de una clara hoja de ruta para una nueva revolución. Pero también están presentes las tropas del EI aunque los baacistas apuestan por su capacidad para controlar a ese grupo dentro de la batalla nacional no sometiéndose a su pensamiento anatematizador y eso es lo que no apoya una lectura política minuciosa de los observadores.

Tanto si lo que ha sucedido es una conspiración, como piensan algunos, o una realidad que estalló dentro del movimiento de resistencia civil y militar en la que ha entrado el EIIL, lo cierto es que la población de esas zonas siente en estos momentos libertad y seguridad y que las fuerzas luchadoras y políticas, y con ellas el pueblo árabe, sienten que esta victoria les ha posibilitado un terreno, una salida sobre la que fundar el proyecto de liberación nacional del nuevo Iraq que propuso la resistencia en 2006, cuando Washington anunció la retirada progresiva de sus tropas del país.

El gran reto a día de hoy asegurar ese proyecto, sacar partido de lo que está pasando en lugar de maldecir la conspiración, organizar un programa minucioso a partir del balance político de esta victoria sin convertir su tierra en una geografía quemada a través del proyecto del Pentágono declarado oficialmente y el plan del presidente Obama que se coordina con el beneplácito iraní. ¿Cuáles son los escenarios del futuro de Iraq ante ese desequilibrio de fuerzas y la presencia de una fuerza sobre el terreno (el EI) que no está sujeta a los criterios de los intereses del pueblo iraquí ni al pensamiento islámico ni a la coordinación estratégica coyuntural?

Lo más importante es que el proyecto político de la nueva revolución llegue antes que el despegue de los aviones, de los portaaviones y de las bases estadounidenses en el Golfo, antes de que proliferen los bloques sectarios de voluntarios junto a los Guardianes de la Revolución, una guerra que apoya el mundo de los intereses sin ninguna vergüenza.

El valiente pueblo iraquí no tienen por qué avanzar hacia el abismo y tampoco tiene que abandonar su revolución. Lo que necesita es una buena gestión para crear un punto de equilibrio a base de un discurso político que obligue a la dimensión regional árabe y turca y a los estadounidenses a tratar con él para que no se repitan sus derrotas, y así los revolucionarios podrán invertir en su proyecto libre con un mínimo de pérdidas entre la población. Esta es la política de gestión de la batalla, no el Holocausto ni un grito sentimental.

 

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