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La ecuación salafista en las elecciones marroquíes

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Buali, elecciones 2016_HES

Driss Gamburi

Al Arab, 06/07/2016

La participación de algunos exmiembros de la Salafiya Yihadiya en las elecciones marroquíes que se celebran este viernes ha despertado interés dentro y fuera de Marruecos. Es la primera vez que exmiembros de esa corriente participan en el proceso político aunque lo hacen integrados en las listas de diferentes partidos políticos tras declararse a favor del proceso electoral y  de la labor dentro de las instituciones, y apoyar la idea de la reforma del país a través de la acción fuera de la clandestinidad, y de la participación democrática.

Aunque se trata solo de tres personas que no tienen el apoyo de la corriente salafista desde que abandonaran la cárcel en 2011, su participación en estos comicios despierta interés porque pondrá a prueba las intenciones de los salafistas hacia la participación política pacífica, y también será un examen para su decisión de dejar las ideas extremistas y la violencia para participar democráticamente en la arena política. El Estado marroquí por su parte, al haberles permitido registrarse como candidatos, les está convirtiendo en un modelo práctico de la idea que viene promoviendo en los círculos salafistas, que siguen debatiéndose entre la idea de participar en política y la defensa de ideas extremistas.

La participación de los salafistas en las elecciones tiene varios significados.

En primer lugar indica que no hay una organización salafista, en el sentido verdadero de la palabra, capaz de aglutinar a los salafistas con todas sus tendencias en un único partido como ha sucedido en otros países árabes. En Marruecos hay salafistas pero no una organización salafista y esa ha sido opción adoptada por el Estado desde los noventa del siglo XX en su trato con los islamistas: ha desestimado todas las peticiones del Movimiento Reforma y Renovación y de Justicia y Espiritualidad para formar partidos políticos dejándoles una sola opción, a saber, su incorporación a los partidos políticos ya existentes y legales. El Estado está haciendo ahora con los salafistas lo que hiciera con los islamistas.

En segundo lugar, el hecho de que los salafistas no participen en las elecciones dentro de un mismo partido sino en diferentes formaciones forma parte de una estrategia cuya intención es dispersarles; esto significa que no trabajarán en el marco de un discurso político de tendencia salafista sino dentro del programa y del discurso del partido en el que se hayan integrado, y esto es algo positivo para el Estado.

La decisión de esos salafistas de integrarse en partidos políticos opositores al Partido Justicia y Desarrollo (islamista) abre interrogantes sobre las intersecciones entre ambas tendencias y las razones por las que no han querido estar dentro del PJD. Una razón pueden ser las diferencias tradicionales entre la corriente islamista y la salafista en muchas cuestiones, aunque desde que los salafistas han optado por el principio de participación en los últimos tiempos, se ha producido un acercamiento a nivel discursivo; no obstante, el mayor problema entre ambas corrientes ha sido el fracaso del PJD en la gestión del expediente de los salafistas en los últimos cinco años en los que han estado en el gobierno. Antes de 2011, el PJD pidió al Estado que solucionara el tema de los salafistas y su integración en la sociedad, e incluso llegó más lejos en 2009 al solicitar la apertura de una investigación de los atentados del 16 de mayo de 2003 en Casablanca, una demanda que coincidía con la de los salafistas. Sin embargo, cuando el PJD entró en el gobierno en 2011, aparcó ese expediente lo que provocó protestas en la calle de familiares y ex presos salafistas contra el gobierno islamista.

La lucha de algunos partidos por captar a los salafistas para las elecciones ofreciéndoles posiciones avanzadas dentro de sus filas, como es el caso del Istiqlal que ha colocado a uno de ellos en el puesto número 2 de su lista, por detrás de su secretario general, demuestra la crisis ideológica que viven algunas formaciones con tan poco carisma que han tenido que reforzar sus filas con rostros nuevos de la corriente salafista.

 

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