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Marruecos, Irán y los países del Golfo o cómo exportar un conflicto

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Bajo la presión de la ONU que exige la reanudación de las negociaciones con el Frente Polisario, Rabat opta por romper con Irán para sacar máximo provecho al apoyo de los países del Golfo y EE.UU.

 

Reda Zaireg

 

Middle East Eye, 10/5/2018

 

¿Ha sacrificado Marruecos su relación con Irán para acercarse a las potencias del Golfo? Sean cuales sean los motivos aducidos por Rabat, su ruptura de relaciones diplomáticas con los persas ha permitido al reino alauí jugar, y sacar una buena baza, en varias partidas a la vez. Se trata una jugada que parece estar menos dirigida a la opinión pública marroquí que a los Estados del Golfo.

 

El apoyo que estos brindan a Rabat se puede explicar por los beneficios que obtiene cada una de las partes, ya sea a nivel diplomático o local: Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos logran arrinconar aún más a Teherán, acusado de tener “propósitos hegemónicos”; a Baréin, vecino de Irán y escenario de un pulso irano-saudí, le sirve de prueba para su propia acusación contra los persas de injerencia en sus asuntos internos; Kuwait consigue legitimar sus propias medidas de represalia contra Irán (expulsión de diplomáticos iraníes y cierre de las oficinas de los agregados militar, comercial y cultural); y finalmente Qatar no permite que los países del Golfo lo aíslen más.

 

A pesar de su neutralidad en la crisis qatarí y su propósito de mantener buenas relaciones con el pequeño emirato, Marruecos le ha estado enviando avisos por diferentes canales. Medios cercanos al poder marroquí se preguntan por las “misteriosas relaciones” de Qatar y el Frente Polisario, cuyo líder se desplazó a Zambia en visita oficial a bordo de un avión de Qatar Airways.

 

Recientemente, la web de noticias marroquí Hespress, uno de los principales medios de comunicación marroquíes, publicaba un largo artículo donde insinuaba que terrenos del sur y este de Marruecos, puestos a disposición de personalidades qataríes por Rabat, estaban siendo utilizadas como bases de “activismo qatarí a favor del Frente Polisario”.

 

Condenando la supuesta implicación de Hezbolá e Irán, Marruecos y los países del Golfo han hecho un curioso trueque que beneficia a todos, a expensas de Argelia. Arabia Saudí logra exportar el conflicto con Teherán al Magreb, obligando a los países de la región a posicionarse, además de poner trabas a la presencia persa en el norte de África; la contrapartida es que Argelia se ve debilitada por el proceso, tras haber sido acusada por Marruecos de servir de plataforma a Irán.

 

Al reino alauí le interesa exportar el conflicto del Sáhara Occidental al Golfo con el disfraz de la lucha contra “la influencia iraní”. Se trata, asimismo, de un momento problemático para Rabat, tras el ultimátum de seis meses impuesto por la ONU para la reapertura de las negociaciones con el Frente Polisario.

 

El apoyo de los países del Golfo, más necesario que nunca para Rabat, parece haber ido en declive estos últimos meses: Kuwait ha llegado incluso a defender posiciones favorables al Frente Polisario.

 

Las acusaciones de Rabat contra Teherán pretenderían, por lo tanto, llevar a esos países a reposicionarse no solo de lado del reino alauí, sino también en contra del movimiento independentista, que Marruecos vincula a un instrumento del poder iraní.

 

Rabat pretende también sacar provecho de la neutralidad de Argel en el conflicto entre los países del Golfo e Irán, haciendo ver que su vecino apoya la república islámica y a Hezbolá. Marruecos ya ha hecho por incluir el asunto en la agenda internacional: llevará el asunto a la Unión Parlamentaria Árabe y por su parte la Unión Socialista de las Fuerzas Populares (USFP, partido de izquierdas marroquí) ha dirigido una petición a la Internacional Socialista, que también cuenta con el Frente Polisario entre sus miembros, para que examine la cuestión.

 

Los saudíes desearían que las relaciones entre Argelia e Irán se debilitasen, por lo que podrían beneficiarse de que Marruecos pretenda implicar a su vecino en este asunto.

 

Relaciones llenas de altibajos

 

Marruecos e Irán establecieron en 1958 unas relaciones diplomáticas que vivieron su luna de miel en los años 60 y 70, durante el reinado del sah Mohamed Reza Pahlevi, que visitó Marruecos en 1996. Hasán II le devolvió la visita dos años más tarde.

 

Sin embargo, la revolución de los ayatolás destruyó esa dinámica. En 1979, tras la llegada de Jomeini al poder, Irán rompió sus relaciones diplomáticas con Marruecos y, un año más tarde, reconoció la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en represalia contra Hasán II por haber acogido al sah en su exilio.

 

No es hasta 1991, durante la celebración de la sexta cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) en Dakar, cuando los dos países deciden restablecer relaciones diplomáticas a raíz de un encuentro entre el primer ministro Azzedine Larali y el presidente iraní Hashemí Rafsanyaní.

 

Hasán II_Facebook

 

En 1998, Irán congeló su reconocimiento de la RASD, una decisión que se confirmó tras la visita al país en 2001 del primer ministro marroquí, Abderramán Yusufi. Este gesto parecía, por un lado, ligado a la voluntad de los persas de crear lazos con Rabat y, por otro, una reacción a la ruptura de las relaciones entre Argelia e Irán, después de que el gobierno argelino acusara a Teherán de haber apoyado a los islamistas durante la guerra civil. Las relaciones entre ambos países se reestablecieron tras la llegada al poder de Abdelaziz Buteflika en 2001.

 

El intercambio de visitas de representantes políticos de ambos países, como la de Saadedín al Ozmani, entonces líder del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), se intensificó progresivamente hasta 2009, cuando las relaciones entre ambos países volvieron a romperse.

 

En 2009, tras una declaración pública de un alto responsable persa en la que afirmaba que Bahréin era “la decimocuarta provincia de Irán”, Marruecos decidió romper relaciones con Teherán en solidaridad con ese Estado del Golfo.

 

Entre las causas de esa decisión estarían las actividades de proselitismo chií de Irán en el reino alauí, pero también la presión sobre Rabat por parte del reino saudí para tomar esa decisión como parte de su “estrategia global de oposición a la influencia iraní”, según Le Monde, que cita un cable publicado por WikiLeaks.

 

A pesar de la ruptura, ambos países trataron de evitar que el daño fuera a más: Irán sigue sin reconocer a la RASD y parecía querer retomar relaciones diplomáticas con Rabat.

 

En septiembre de 2012, el Parlamento iraní tomó la decisión unilateral de crear un grupo de amistad con Marruecos, para sorpresa de Rabat.

 

Entre 2012 y 2014, cuando era miembro no permanente del Consejo de Seguridad, Marruecos manifestó una posición relativamente conciliadora con respecto al proyecto nuclear de Teherán: el reino insistía en la “necesidad de evitar toda instrumentalización de la crisis iraní como elemento de división entre Occidente y el mundo musulmán”, según una nota de la diplomacia marroquí divulgada por el hacker Chris Coleman.

 

¿Una posible alineación con las posiciones saudíes?

 

Hasta ahora Marruecos había defendido la idea de que “el análisis del caso iraní debía realizarse teniendo en cuenta el complejo contexto regional” y que “las sanciones sólo se impusieran como último recurso y que no afectaran a la población”. No está descartado que Irán intentara acercarse a Marruecos durante ese periodo ya que suele buscar el apoyo de los miembros no permanentes del consejo de seguridad.

 

Twitter

 

En 2014, después de que Rabat informase al régimen iraní “clara y llanamente sobre las razones que llevaron a Marruecos a romper relaciones diplomáticas” y de que Teherán confirmase el “respeto constante hacia el reino de Marruecos”, además del “aprecio por el papel que desempeña Mohammed VI”, Rabat decidió reanudar relaciones con la república islámica, tras varios encuentros informales entre diplomáticos marroquíes e iraníes. En 2016, el rey Mohammed VI nombró a un nuevo embajador oficial en Teherán, Hassan Hami.

 

Rompiendo sus lazos con Irán, “Marruecos no solo hace avanzar sus intereses en el Sáhara Occidental, sino que también se perfila como un aliado del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y de los Estados Unidos, con coste relativamente bajo” según revela la investigadora y periodista Samia Errazuki.

 

De este modo, Marruecos logra congraciarse con el poder saudí, que le había mostrado cierta enemistad por su neutralidad en la crisis qatarí y, a su vez, plantea un dilema a la Administración estadounidense: se dice que el recién nombrado consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, es hostil a Irán pero simpatiza con el Frente Polisario. Deberá decidir cómo reaccionar a esta ofensiva marroquí.

 

Si bien es muy poco probable que la Administración estadounidense dé crédito a las acusaciones de Rabat, a no ser que se presenten pruebas fiables, también es cierto que la toma de posición de los países del Golfo y de la Liga Árabe contribuye a su credibilidad.

 

Asimismo, la ofensiva marroquí está condicionada por la “necesidad absoluta de no enajenar a Washington en los próximos seis meses, tras recibir un ultimátum encubierto en las Naciones Unidas para retomar las negociaciones directas con el Frente Polisario”, afirma el periodista marroquí Ali Amar, director del portal de noticias Le Desk.

 

En este sentido, las acusaciones de Rabat pretenderían “mostrar a la Administración de Trump que obligar a Marruecos a negociar con el Frente Polisario sin condiciones previas es, en realidad, obligar a un fiel aliado en la guerra contra el yihadismo mundial a tratar con una organización que considera terrorista”.

 

¿Llevará la ruptura de relaciones entre Rabat y Teherán a una nueva alineación de Marruecos con las posiciones saudíes?

 

La neutralidad de Marruecos durante la crisis de Qatar levantó ampollas. Hoy en día es difícilmente concebible que el reino alauí no se alinease con los países del Golfo y Estados Unidos en el tema de Irán.

 

Al adscribirse a la política exterior saudí, Marruecos podría alcanzar un mayor acercamiento a los países del CCG, con que ya mantiene de hecho una relación privilegiada. Ahora que sus aliados lo tienen atenazado, ¿apoyará Marruecos todas las decisiones que puedan tomar en el futuro? ¿O demostrará cierta independencia? El tiempo lo dirá.

 

Esta ofensiva marroquí se enmarca además en la política exterior agresiva que está desplegando estos últimos meses contra Argelia. La retórica de Rabat, que considera el asunto saharaui una disputa entre Argelia y Marruecos, augura un cambio en la dinámica del conflicto: la guerra diplomática no se dirige ya contra el Frente Polisario, sino contra Argelia.

 

Aparte del objetivo de aislar a Argel, esta estrategia no da ninguna pista sobre las futuras intenciones de Rabat.

 

De momento, no cambiará nada del ultimátum lanzado por la ONU, sino que provocará una mayor crispación de las partes y comprometerá de antemano toda negociación futura. Aumentará la tensión a nivel regional, ya considerable, y dejará un Magreb más desunido que nunca, con dos vecinos irreconciliables que se repliegan hacia sus aliados lejanos y que, en el caso de Marruecos, se ve obligado de inmiscuirse en los conflictos y crisis de sus aliados, en lugar de plantear un Magreb unido que pudiese defender algunas posiciones comunes a través de ese fantasma que es la Unión del Magreb Árabe.

 

El aislamiento de Marruecos y Argelia los dejará solos frente a los cambios que se están produciendo en la región, cada uno de ellos luchando contra la devaluación de su estatus por medio de formas esquivas,  de alianzas dudosas y precarias, de acercamientos laboriosos a cambio de importantes compromisos; de esfuerzos que se niegan mutuamente, dirigidos unos contra otros.

 

Y el conflicto del Sáhara Occidental se quedará como hasta hoy: sin resolver. La solución del asunto no llegará a través de un acercamiento a los Estados Unidos, sea cual sea su poder de decisión en esta cuestión, sino a través de una mejora en las relaciones entre Rabat y Argel.

 

Traducido del francés por Leandro James Español Lyons en el marco de un programa de colaboración de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada y la Fundación Al Fanar.

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