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Objetivos y motivos de la batalla de Saná

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El apoyo exterior a los Hermanos Musulmanes es casi nulo y hasta Qatar ha abandonado a los líderes de su filial egipcia que han tenido que abandonar territorio qatarí y están siendo perseguidos en varios países árabes. Y cuando en Yemen intentaron acercarse a Arabia Saudí ya era tarde. Riad insiste en pasar página al tema de los Hermanos Musulmanes de una vez por todas, esto explica que no haya intervenido en Yemen para defenderlos.

 

Faisal Yalul 

Elaf

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La caída de Saná en un tiempo récord no ha sido una sorpresa para quienes conocen bien la ciudad y siguen los detalles de la lucha que mantienen desde hace tiempo los huzíes y el partido de la Agrupación Yemení por la Reforma (Islah). Desde un punto de vista militar, la caída de la ciudad de Imrán el pasado mes de julio fue un indicio de que la capital caería más tarde o más temprano, sobre todo teniendo en cuenta que los huzíes se hicieron con el equipamiento de la Brigada Blindada 310 destacada en aquella ciudad tras asesinar a su comandante, el general Hamid al Qushaibi. No obstante la estrategia de la caída de Imrán se había trazado a comienzos de año, cuando los huzíes se hicieron con el control de un gran número de poblaciones aledañas a la ciudad para cercarla durante mucho tiempo y dejarla sin suministro antes de entrar en ella.

Después de la caída de Imrán, situada a 50 km al norte de la capital, debía llegarle el turno a Al Yauf, ciudad ubicada al este de Saná y considerada al igual que Imrán uno de los principales bastiones de los Hermanos Musulmanes. El plan del general Ali Mohsen al Ahmar para defender su influencia y la de los Hermanos Musulmanes en Saná requería una «tenaza» en Imrán y Al Yauf. Pero los huzíes tomaron la iniciativa de lanzar un duro ataque sobre las fortalezas de la Agrupación Yemení por la Reforma en Al Yauf asesinando a uno de sus líderes más destacados, el jeque Mubarak Shalif, después de asesinar también al vicegobernador que pertenecía también a la Agrupación Yemení por la Reforma.

La caída de la ciudad de Imrán y la victoria de los huzíes en los combates de Al Yauf permitió un ataque huzí intensivo contra la capital que cayó como una fruta madura en manos de los atacantes porque ni la Presidencia, ni la cúpula del Ministerio de Defensa ni la mayor parte de las unidades militares estaban dispuestas a luchar en defensa de la Agrupación Yemení por la Reforma que quedó descubierta militar y políticamente, ya que ningún soldado regular estuvo dispuesto a morir por ella.

Parece claro que la caída de Saná no fue un acto puramente militar puesto que la derrota de los Hermanos Musulmanes en Imrán había tenido consecuencias decisivas a todos los niveles. Por una parte cayó el apoyo tribal más importante con el que contaban, el de los seguidores del líder de la tribu Hashid, el jeque Abdalá Ben Husein al Ahmar, y por otra colapsó su alianza con los Partidos del Encuentro Conjunto. Pudimos seguir el doloroso enfrentamiento entre Mohamed al Yadumi, la figura más importante del partido de la Agrupación Yemení por la Reforma y los líderes del Partido Socialista de Yemen porque los aliados de los primeros fueron abandonados en la batalla de Imrán. A todo esto hay que añadir la ruptura del general Ali Mohsen y la Presidencia de Yemen. Mohsen acusó al Ministerio de Defensa de no apoyar de la Agrupación Yemení por la Reforma ni a Al Qushaibi  ni a Al Ahmar en Imrán. Y esta situación se repitió en las batallas de Al Yauf donde no se produjo ninguna intervención seria por parte de la institución militar para apoyar a los partidarios del Islah. La discordia ha alcanzado su punto álgido en los últimos dos días en forma de duro enfrentamiento verbal entre el general Ali Mohsen al Ahmar y el presidente Abdurabbo Mansur Hadi sobre lo sucedido en la capital.

Cabe señalar también una maniobra reconciliadora  de los miembros de la Agrupación Yemení por la Reforma hacia el expresidente Ali Abdalá Saleh cuando se aproximaron aprovechando la oración de la fiesta del final de Ramadán en la mezquita de Saleh, esperando que ese gesto les permitiera sacar partido del poder de Saleh y evitarles otra derrota en el siguiente enfrentamiento con los huzíes. Se dice que habían descubierto un túnel que conducía al palacio del expresidente en Saná excavado con el objetivo de asesinarle. No obstante la reconciliación no logró el efecto esperado y el expresidente mantuvo una imparcialidad positiva para los huzíes. Saleh pidió a sus partidarios en la institución militar que no apoyaran a ninguna de las partes haciéndoles un gran favor a los huzíes, superiores en el combate, en su dogma y entusiasmo, y decepcionando a los partidarios del Islah cuyo aislamiento popular se fue agravando a raíz de que no levantaran la voz cuando las autoridades tomaron la decisión de anular los subsidios de los derivados petroleros.

El apoyo exterior a los Hermanos Musulmanes es casi nulo y hasta Qatar ha abandonado a los líderes de su filial egipcia que han tenido que abandonar territorio qatarí y están siendo perseguidos en varios países árabes. Y cuando en Yemen intentaron acercarse a Arabia Saudí ya era tarde. Riad insiste en pasar página al tema de los Hermanos Musulmanes de una vez por todas lo que explica que no haya intervenido en Yemen para defenderlos en los últimos dos días, y permite entender el comunicado hecho público al día siguiente por el Consejo de Cooperación del Golfo en su reunión ministerial en Nueva York apoyando el último acuerdo de Saná que consolida la mayor victoria política y militar de los huzíes en más de una década.

Todo esto permite sacar una serie de conclusiones sobre el destino del régimen yemení, entre ellas, que los huzíes se han convertido en un socio importante por no decir que clave en el poder de Yemen y ya nadie puede marginarles, y con ello logran uno de sus principales objetivos desde la caída del régimen monárquico en 1962. Sus zonas pagaron un alto precio por la reconciliación de monárquicos y republicanos en 1972 y ahora se están vengando por décadas de marginación y exclusión. También refleja la brusca caída de los la Hermanos Musulmanes y por lo tanto el frenazo de la llamada Primavera Árabe en Yemen. Aún no sabemos si serán capaces de reorganizarse y de volver a la acción política de una manera diferente. En tercer lugar lo sucedido pone de relieve la debilidad sin precedentes de la familia Al Ahmar y de los líderes de la tribu Hashid. Se prevé que esta debilidad tenga dimensiones económicas porque el Acuerdo de Saná abre la competencia en el mercado e impide los monopolios económicos y, por tanto, impone una revisión del clima económico que benefició al jeque Hamid al Ahmar y a los demás hombres de negocios de la Agrupación Yemení por la Reforma.

Para terminar podemos decir sin ningún género de dudas que los huzíes ahora deben actuar con sabiduría y humildad porque son una parte esencial del tejido yemení y porque la seguridad y la paz es el deseo de todos los yemeníes.

 

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