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¿Qué hay detrás del silencio turco ante lo que está sucediendo en Iraq?

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Jurshid Duli, 23/06/2013, Al Yazira

Hay muchos interrogantes sobre la verdad de la postura de Turquía frente a lo que sucede en Iraq, una postura marcada por un relativo silencio que no tiene que ver con el tono elevado adoptado por la diplomacia de Ankara desde que comenzaran las revoluciones de la Primavera Árabe y que tantos problemas y críticas le costaron.

¿Tiene esto algo que ver con el proceso de liberación de los turcos retenidos en Mosul? ¿Lo ocurrido tendrá repercusiones más allá de la escena iraquí que afectarán al sistema político de Oriente Próximo en el que Turquía cree tener un papel dentro de la cúpula que diseña sus futuras evoluciones al ritmo de los dramáticos acontecimientos en curso? Estas preguntas podrían no encontrar respuesta hasta que se esclarezca la naturaleza de la próxima escena política de Bagdad.

CONMOCIÓN POR LA DETENCIÓN

La irrupción de miembros del EIIL en el Consulado turco de Mosul y el secuestro del cónsul, Öztürk Yilmaz, y de 49 funcionarios y tres conductores fue una conmoción para la opinión pública turca que criticó duramente al ministro de Exteriores, Ahmet Davutoglu.

La conmoción tiene que ver con la política del gobierno turco que actúa como si no conociera al EIIL aunque lo propio, según los turcos, hubiera sido evacuar a los funcionarios del Consulado antes de que la ciudad fuera asaltada. La actuación de Ankara generó la impresión de que la diplomacia turca está confusa, que tiene miedo de las repercusiones de una operación para liberar a los rehenes y que no tiene claro cómo actuar con una organización fuerte que se ha convertido en un Estado que se extiende desde Menbah cerca de Alepo en la frontera sirio-turca hasta las afueras de Bagdad, una ciudad vital para la seguridad del Golfo y también de Irán.

En todo caso la cúpula turca ha hecho cálculos precisos para liberar a sus funcionarios y ciudadanos pero tal vez no quiera mostrarse como un Estado inquieto e impulsivo y por ello ha optado por su capacidad diplomática y ha confiado en sus relaciones para superar con éxito esta misión ya que cualquier error puede costarle muy caro porque las elecciones presidenciales están cerca (el 10 de agosto) y será una batalla decisiva entre el AKP y sus opositores en el país y la primera vez en la que habrá un sufragio directo.

Pero lo que nos planteamos aquí no tiene que ver con el destino de los rehenes turcos sino con la política turca hacia Iraq, concretamente hacia Mosul a la que Turquía considera históricamente parte de su seguridad nacional ya que el acuerdo firmado en 1926 por Turquía, Gran Bretaña e Irak sigue vigente en la política turca. El acuerdo aprobado por Turquía estipulaba la incorporación de lo que en aquel entonces era la «provincia de Mosul» al flamante Estado iraquí (la provincia histórica de Mosul incluía Kirkuk) con dos condiciones, a saber, preservar la unidad de Iraq y no establecer un Estado kurdo porque de lo contrario Turquía podría anular el acuerdo y recuperar Mosul. A pesar de que eso es historia, la naturaleza de los hechos y el destructivo estallido geográfico que supuso el acuerdo de Sykes-Picot y el nacimiento de un Estado kurdo, hacen que la política turca hacia Iraq esté condicionada por consideraciones geográficas e ideológicas y por la batalla regional e internacional.

LOS CÁLCULOS DE TURQUÍA

Pese a la gran tensión que reina en la relación entre el gobierno de Turquía y el gobierno de Nuri al Maliki por diversas razones, ha surgido una fuerte asociación entre los turcos y la provincia del Kurdistán de índole político y económico después de que la relación entre las dos partes estuviera supeditada a una serie de noes como la de no permitir a los kurdos que controlaran Kirkuk pese a su valor histórico y nacionalista, y también económico por la abundancia del petróleo en esa provincia. Las reservas de petróleo en los yacimientos de esa provincia se estiman en 10.000 millones de barriles y su capacidad de producción en 750.000 barriles diarios. En la provincia viven kurdos, árabes, turcomanos y asirios. Turquía ha estado históricamente implicada en los derechos de la minoría turcomana de Kirkuk.

Hoy, tras la batalla de Mosul, hay cosas ya resueltas y cálculos turcos que trascienden los noes anteriores, y quien escrute lo sucedido se detendrá en un par de cuestiones.

En primer lugar, el control del EIIL y del resto de las facciones armadas que se han levantado contra la política de Maliki ha dado a los kurdos la oportunidad de controlar la ciudad de Kirkuk que ha sido una fuente de problemas con Bagdad en las últimas décadas. Justo después del ataque y la retirada de las tropas iraquíes de Kirkuk, las tropas kurdas de los peshmerga se hicieron con el control de toda la ciudad. Todo esto se ha producido tras un periodo de ocho años en el que los dirigentes iraquíes han sido incapaces de aplicar el artículo 140 de la Constitución iraquí que estipula «la normalización de la situación, la elaboración de un censo y la celebración de un referéndum en Kirkuk y otros territorios en litigio para determinar la voluntad de sus habitantes antes del 31 de diciembre de 2007».

Los acontecimientos indican que el mismo escenario podría repetirse en la ciudad de Tal Afar que cuenta con una mayoría turcomana chií. La pregunta que se impone con urgencia es por qué Turquía no ha dicho una sola palabra sobre el destino de Kirkuk después de haberse negado públicamente a que la controlaran los kurdos. Lo mismo podemos decir del destino de la minoría turcomana de Kirkuk, Tal Afar, Janaqin y Tuz Jurma y otras ciudades a la que antes defendía Turquía.

¿La diplomacia está evitando implicarse en este tipo de cuestiones o hay un consentimiento turco implícito sobre lo ocurrido, visto como algo inevitable para cambiar la ecuación política de Iraq y la región?

En segundo lugar está la dimensión sectaria en la superficie de la escena política. Muchos creen, incluida Turquía, que el EIIL ha sido solamente el titular mediático de lo sucedido en Mosul mientras que sobre el terreno ha habido una revuelta suní contra la política de exclusión y marginación de Maliki, y que el conflicto sectario de la región no es un hecho aislado de la batalla entre las potencias países regionales, concretamente entre Irán, Turquía y Arabia Saudí, que han convertido Siria e Iraq en sus campos de batalla.

Los cálculos de los turcos sobre lo ocurrido en Mosul van más allá de la amenaza del EIIL y del asunto de los rehenes turcos, e incluso del fortalecimiento de la opción de la creación de un Estado kurdo, y tienen que ver con un nuevo orden regional y con la posibilidad de asestar un golpe al peso pesado iraní si cambia la escena política en Bagdad al acabar con la política seguida por el gobierno de Maliki y cerrarle el paso a un tercer mandato.

ESTRATEGIA CAUTELOSA

Turquía ha intentado repetidamente derrocar al régimen sirio y cambiar la escena política en Bagdad consciente de que el fuego en Siria e Iraq puede extenderse a su terreno si aumenta la influencia del EIIL, el Frente Al Nusra y otras organizaciones armadas afines a Al Qaeda; también es consciente de que después de la batalla de Mosul la zona hace frente a nuevos desafíos para los que se requieren nuevas herramientas.

La cautela de Ankara se debe a que deber andar sobre fuego para alcanzar sus objetivos. Y por fuego nos referimos a varias cuestiones, por ejemplo, cómo apoyar las demandas de los suníes iraquíes sin parecer un Estado que apoya al EIIL y el terrorismo, cómo hacer frente a la aspiración de los kurdos de formar un Estado independiente que podría cambiar el mapa de Oriente Próximo del que Turquía forma parte, y cómo avanzar hacia los objetivos anteriores sin entrar en conflicto con Irán o evitando que el fuego se extienda al interior turco.

Pese a esa cautela, Turquía es consciente de que el statu quo en la región no va a cambiar debido a la alineación regional e internacional, y de que Occidente, que ha reforzado la política de desgaste de los países de la región con el objetivo de avanzar hacia una nueva etapa, no buscará soluciones mientras no surjan cambios y retos reales sobre el terreno.

La estrategia cautelosa turca se materializa en una política que consiste en contribuir a agitar la escena sobre el terreno aunque esto suponga mezclar las cartas, o llegar al límite y establecer alianzas políticas con las fuerzas influyentes y fácticas entre las que se encuentra la región del Kurdistán que parece tener políticas similares a las turcas. El objetivo principal es hacerse con cartas de valor para cambiar la escena iraquí a través de esfuerzos y fórmulas de consenso local y regional sobre ese cambio.

En otras palabras, la política turca posterior a la batalla de Mosul está movilizando a elementos geográficos, históricos, sociales y políticos en una especie de guerra diplomática soft para lograr su objetivo: acabar con el gobierno de Maliki y encontrar una fórmula de gobierno consensuada.

El silencio oficial turco puede ser interpretado por la oposición turca y los rivales de Erdogán en el extranjero como un apoyo al EIIL y a otros grupos armados que le permita cumplir su agenda, cuando realmente está apostando por una diplomacia soft que tiene sus herramientas y sus prioridades para alcanzar sus propias aspiraciones.

 

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