Visita de Obama: consolidación de la alianza con el Golfo y reconciliación con Irán

habib haddad, 06.04.15

El presidente Barak Obama no acudirá a la cumbre de los países del Golfo, que tendrá lugar la próxima semana en la capital saudí, con una nueva política estadounidense incompatible con la doctrina aplicada en Oriente Próximo y en la región del Golfo, ni tampoco a su sucesor se le exigirá una estrategia sorprendente. Lo que Obama, cuyo mandato concluirá en nueve meses, llevará bajo el brazo a la cumbre girará en la esfera de la reconstrucción del vínculo estratégico entre los  Estados Unidos y el Golfo Pérsico,  y pretenderá elevar el nivel de los mecanismos de refuerzo de ese vínculo en el marco de una estrategia basada en la diversificación de las relaciones estratégicas de Washington con los principales actores de la región en el marco del equilibrio de fuerzas en la zona. La idea fija del presidente Obama es que supo pasar página a la enemistad con la República Islámica de Irán y que eso fue un logro de interés nacional para los Estados Unidos y para Oriente Próximo. Lo que no desea es pasar a la historia como el presidente que deterioró las relaciones estadounidenses con sus aliados tradicionales en los países del Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente con Arabia Saudí, por dar prioridad a Irán. Y por ello quiere restaurar esa relación pero sin retractarse ni disculparse. Quiere revivir la relación estratégica  de Estados Unidos y Egipto, pero sin saltarse el tema de las prácticas del gobierno egipcio contra la sociedad civil, los islamistas y el derecho a la libertad de opinión. Y según información filtrada, Obama podría querer consultar al  Golfo una posible resolución del Consejo de Seguridad sobre las bases de consenso alcanzadas negociaciones palestino-israelíes, y que aún no han dado lugar a un acuerdo.

Estos son titulares útiles para la última página de la relación de Barak Obama con Oriente Próximo que se cruzan con los movimientos del rey saudí Salmán Ben Abdulaziz en sus visita a El Cairo y Estambul de la pasada semana. La visita del rey Salmán a El Cairo consolidó una unión del Golfo y Egipto que fortalece el peso de este último, con el apoyo del Golfo, en el marco de equilibrio de fuerzas regionales entre las que se encuentran Irán, Turquía e Israel. Este eje tiene un peso significativo, primero, en las decisiones de la Liga Árabe y su relación con la dimensión internacional y no únicamente árabe y regional. Y luego tiene un impacto económico y político sobre Egipto, ya que existe una coalición económica y política entre el Golfo y El Cairo. Una de las dimensiones de estos vínculos se encuentra en la relación de Estados Unidos y Europa con Egipto, que no atraviesan su mejor momento debido a las políticas egipcias contra la libertad de opinión, privación de la libertad de expresión y la persecución de las organizaciones no gubernamentales, prácticas consideradas por Occidente arbitrarias y excesivas.

Un veterano del Golfo cree que los diplomáticos egipcios «ya no tienen una ideología socialista de liderazgo regional, sino que están más cerca de la política del Golfo en contra de las ideologías y gobiernos radicales». Sin embargo, esto no esconde las diferencias entre las políticas del Golfo y las egipcias con respecto a Turquía, país con el que Arabia Saudí mantiene relaciones estratégicas mientras que Egipto sostiene que Ankara es hostil al gobierno de El Cairo y que quiere revivir allí el gobierno de los Hermanos Musulmanes. Las diferencias también tienen que ver con las políticas hacia la República Islamista de Irán: Egipto no ve, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Bahréin, por ejemplo, la amenaza iraní ni considera que sea existencial. Egipto tampoco está de acuerdo con las políticas del Golfo sobre Siria ya que no adopta una política cuyo eje sea la expulsión de Bashar al Asad ni presta interés al conflicto sirio. En cambio, la cuestión libia tiene más importancia para los egipcios. Y en el conflicto en Yemen, los malentendidos y los errores de cálculo han debilitado y siguen debilitando la confianza mutua.

El  mensaje del Golfo a Egipto respecto a su relación con los Estados Unidos dice que la relación de Washington con el Golfo es permanente y duradera e irá a más, y que Egipto no es una alternativa a esas relaciones estratégicas.

La política de Washington y el Golfo considera a Egipto un aliado principal en su lucha contra el terrorismo y el extremismo. Los países del Golfo son más comprensivos con los procedimientos de seguridad egipcios, aunque no estén de acuerdo con algunos de ellos. Pero Estados Unidos y Europa critican duramente el puño de hierro del ejército y la policía de Egipto en una gestión del país sin apertura ni transparencia, y creen que el presidente Abdelfattah al Sisi es incapaz de tomar una decisión para lograr un cambio radical hacia la apertura económica y política, por lo que no están dispuestos a invertir en Egipto. La relación egipcio-israelí es lo que atenúa la ira de Washington. Según una fuente estadounidense fiable, esa relación está en su mejor momento y una de las razones de que esa relación sea positiva es la lucha común contra el terrorismo del Estado Islámico-Daesh y contra Hamás-los Hermanos Musulmanes.

Las relaciones egipcio-turcas no apuntan a una reconciliación por el momento ya que los turcos no quieren una reconciliación con los líderes egipcios y viceversa.

La visita del rey saudí a El Cairo y Ankara, dos capitales rivales, tuvo lugar tras un previo convencimiento de la imposibilidad de arreglar las relaciones entre ambos Estados. Por ello se optó por establecer relaciones estratégicas con ambos países por separado y con intereses distintos. Riad considera que la influencia de Ankara en Siria e Irán es de vital importancia y es imprescindible beneficiarse de ella. También cree que Turquía es esencial en la coalición islámica contra el terrorismo, mientras que el papel de Egipto sería secundario. El peso de la relación del Golfo y Turquía en el liderazgo islámico de esa coalición representa un eje que difiere de las relaciones del Golfo y Egipto en el equilibrio de fuerzas regional, como se cree en los países del Golfo. Turquía puede jugar un papel con Irán más profundo y extenso del que podría desempeñar Egipto, ergo estamos hablando de dos ejes distintos y separados, siempre según la ideología del Golfo.

La administración estadounidense parece tranquila ante este pensamiento. Apoya la influencia en Egipto y la cooperación con Turquía dentro la coalición militar islámica contra el Estado Islámico-Daesh, y en el marco de una posible influencia en las relaciones entre el Golfo e Irán.

La cumbre consultiva entre el presidente de los Estados Unidos y los líderes de los países del Consejo de Cooperación del Golfo no entrará en estos detalles, y se centrará más bien en el mensaje de reforma de la relación entre Estados Unidos y el Golfo a dos niveles: el nivel de la tensión y la disminución de la confianza hacia Estados Unidos a raíz de su reciente deseo de ganarse el afecto de Teherán perdonándole por completo sus políticas regionales y su presencia militar directa en Siria o a través de Hezbolá. El segundo nivel es el de las relaciones de seguridad entre ambos países.

En lo que respecta a las relaciones bilaterales de Estados Unidos y los países del Golfo, la consulta y cooperación estratégicas serán las principales prioridades de la relación, y no será un asunto difícil. La opinión estadounidense considera que no hay una contradicción entre la nueva relación y reconciliación con la República Islámica de Irán, y las relaciones estratégicas con los países del Golfo, a pesar de la caída de la doctrina de Obama frente a la del antiguo presidente Jimmy Carter que garantizó una alianza de seguridad estratégica con los países del Golfo. Y como los países del Golfo están dispuestos a aceptar estas garantías, no será difícil restaurar las relaciones sobre todo porque implican la compra de armamento.

En cuanto al hecho de que Washington no castigue a la República Islámica de Irán por manipular la estabilidad regional, los países del Consejo de Cooperación del Golfo están decididos a no bendecir esa política que exime a Irán de rendir cuentas, y a reservarse el derecho a no estar de acuerdo con Washington con el fin de preservar sus intereses vitales. Estos países harán hincapié en el principio de la no interferencia en asuntos ajeno y señalará el hecho de que Teherán haya reconocido que envía combatientes a Siria, como ejemplo de sus diferencias con Washington, que optó por hacer la vista gorda ante tales excesos. Los países del Golfo le dirán a Obama que su legado histórico, es decir, el acuerdo nuclear con Irán y el fin de su enemistad con ese país, no es un instrumento de legitimidad vinculante si su objetivo es bendecir la hegemonía iraní ante los países árabes.

Una profundas diferencia: la administración de Obama cree que la autocracia árabe es el origen de todos los males y por ello los Estados Unidos deben hacer frente al gobierno de «los hombres fuertes» en la arena árabe. Pero, en palabras de la embajadora de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, Samantha Power, esta administración se niega rotundamente a criticar la teocracia iraní y el autoritarismo de los hombres poderosos del escenario iraní. La administración de Obama se dedicó a exigirles cuentas a los hombres poderosos de las autocracias árabes y les sacó del poder, pero exime a los hombres poderosos de la teocracia iraní. Una profundas diferencia.

El margen para entenderse en este sentido no es mucho, si tenemos en cuenta que la administración de Obama llegó a la Casa Blanca con valores más elevados y que se retira con un expediente manchado de políticas que pretenden hacer la vista gorda a los horrores y las desgracias en Siria. En este tema ya no hay marcha atrás. Estados Unidos ya no tiene derecho a afirmar que ocupa un primer puesto en valores morales por culpa de la política en Siria aplicada por el presidente Barak Obama a partir de lo que él consideró las prioridades populares americanas que se resumen así: no tenemos ningún papel en las guerras ajenas y no nos incumbe que se masacre a civiles en lugares lejanos.

Tal vez a Obama le gustaría abandonar la Casa Blanca dejando un legado distinto, un legado que no le obligue a enamorarse de la República Islamista Iraní a pesar de sus excesos, su política devastadora, dilatoria y su alianza con Bashar al Asad en Siria y con Hezbolá en Líbano.

Traducción de Rania Chaui para Fundación Al Fanar

Viñeta Habib Haddad

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