Mohamed Siali

Mohamed Siali, periodista marroquí corresponsal en Oriente Próximo

Las recientes evoluciones que se han producido en Yemen al hacerse con el control de la capital Saná el movimiento chií Ansaralá, superan las interacciones nacionales para enlazar con una lucha de intereses regionales, lo que convierte a Yemen en la arena de una guerra por delegación entre Arabia Saudí, la República Islámica de Irán y el Estado de Qatar como ya ha sucedido en Iraq, Líbano y Siria. En este último giro que se ha producido en Yemen, Arabia Saudí ha zanjado su postura al no intervenir para proteger a sus aliados tribales ante el avance de los huzíes debido a la alianza de éstos últimos con los Hermanos Musulmanes a los que patrocina Doha y a los que Riad combate sin cuartel.

Aunque Arabia Saudí estuvo del lado del ex presidente yemení Ali Abdalá Saleh en sus seis guerras contra el movimiento Ansaralá, pero esta vez ha optado por la neutralidad. El avance de los huzíes hacia Saná beneficia a Riad, que ha atacado las redes políticas y militares de la organización de los Hermanos Musulmanes a los que declaró una guerra soterrada en el verano de 2013, al apoyar a las Fuerzas Armadas egipcias cuando derrocaron al régimen de Mohamed Mursi que pertenecía a esa misma corriente. La neutralización de los Hermanos Musulmanes en Yemen, o al menos reducir su influencia, donde están representados por el partido de la Agrupación Yemení por la Reforma (Islah) y sus aliados tribales del clan Al  Al Ahmar y su ala dentro del Ejército, es decir, el general Mohsen al Ahmar y el I Batallón de Blindados es un golpe a la influencia qatarí y turca en este país en el que ha coincido el interés por un mismo objetivo de dos rivales regionales tradicionales, a saber, Arabia Saudí e Irán. Es probable que Riad haya permitido la expansión de los huzíes porque los combatientes de ese grupo son chiíes zaidíes, que difieren de los chiíes duodecimanos al no creer en la wilayat al faquih (o gobierno del alfaquí) como la mayor parte de la chía de Irán, Iraq y Líbano.

 

¿Quién son los huzíes?

El movimiento Ansaralá o los huzíes son una organización de la que forman parte rebeldes del credo zaidí chií cercano a la sunna desde el punto de vista jurisprudencial. El nombre de huzíes lo toman de su líder espiritual y fundador de la organización ya fallecido Badereddín al Huzí, al que mataron las tropas yemeníes en 2004. Su primera aparición como ente político se produjo en 1992 a través del Movimiento de los Jóvenes Creyentes, una organización política que luchaba contra la marginación que habían vivido las zonas del noroeste de Yemen, bastión regional de los zaidíes que son una tercera parte de la población de Yemen. Entre 2004 y 2010 los huzíes mantuvieron seis guerras con las tropas yemeníes, concretamente en su bastión montañoso de la provincia de Saada. También mantuvieron un enfrentamiento con Arabia Saudí entre 2009 y comienzos de 2010 al ocupar parte del territorio saudí.

 

Las autoridades de Yemen interceptaron en febrero del año pasado un barco en aguas territoriales yemeníes cargado de armas iraníes que incluía misiles SAM-2 y SAM-3. Detuvieron a un grupo de ocho yemeníes. Los servicios secretos yemeníes detuvieron también el año pasado a dos ciudadanos libaneses en el aeropuerto de la ciudad costera de Adén, en el sur de Yemen, al sospechar que pertenecían al grupo libanés Hezbolá y que se dirigían a la provincia de Saada a entrenar a miembros de Ansaralá. La cómoda situación en la que se encuentra el influjo iraní en Yemen la demuestra el hecho de que las autoridades yemeníes liberaran a todos estos presos pocos días después de que Ansaralá se hiciera con el control de la capital yemení.

La intención de Teherán sería ayudar al movimiento Ansaralá a hacerse con las riendas de los círculos de decisión política de Saná (aprovechando la debilidad del Estado yemení y las posibilidades que ofrecen las conclusiones de la Conferencia del Diálogo Nacional Global), para poder, a través de ese grupo y a largo plazo, controlar el estrecho de Mandeb que une el Índico al Mar Rojo y a través de este mar al Mediterráneo, y ampliar la influencia persa en la región del Golfo. Por su parte Arabia Saudí querría marcarse tantos provisionales dejando a los huzíes que echen a perder la composición resultante de la Conferencia del Diálogo Nacional Global que consolidó un fuerte ascenso de los Hermanos Musulmanes porque Riad cree que Ansaralá no puede ser un aliado permanente de Teherán teniendo en cuenta las diferencias doctrinales de huzíes e iraníes.

Mapa Yemen Stratford

Desde la destitución del presidente egipcio Mohamed Mursi el 3 de julio de 2013, Arabia Saudí, EAU y Kuwait han intentado neutralizar a los Hermanos Musulmanes en la región de Oriente Próximo y el norte de África, principalmente ilegalizando la actividad del grupo en sus territorios y apoyando a las nuevas autoridades egipcias tanto a nivel económico como a nivel político y diplomático, para defender la nueva situación de Egipto, darle cobertura, y evitar cualquier crisis social que pudiera ser explotada por los Hermanos Musulmanes para tomar las riendas de la iniciativa de la calle. Finalmente tanto Arabia Saudí como Egipto declararon a los Hermanos Musulmanes un grupo ilegal. Qatar, que también pertenece al Consejo de Cooperación del Golfo del que forma parte Arabia Saudí, tomó la vía contraria dando su apoyo, junto a Turquía, al grupo de los Hermanos Musulmanes y acogiendo en su territorio a sus mandatarios perseguidos judicialmente en Egipto.

A pesar de la trayectoria política que han impuesto vía militar los huzíes al hacerse con el control de Saná dando pasos de forma unilateral y sin aparente coordinación con ninguna de las fuerzas nacionales, se puede decir que Yemen ha seguido la senda de la transición democrática tras la destitución del ex presidente Abdalá Saleh, una transición patrocinada por la ONU y el Consejo de Cooperación del Golfo. Tras la invasión del movimiento Ansaralá de la capital yemeni, el enviado de las Naciones Unidas para Yemen, Yamal Benomar, intentó que los huzíes se comprometieran a respetar unos mínimos de las conclusiones de la Conferencia del Diálogo Nacional Global así como hallar una fórmula de consenso entre ellos y otras corrientes políticas del país. Bajo el auspicio de la ONU, los grupos políticos yemeníes firmaron el 21 del pasado mes de septiembre el Acuerdo de Paz y Asociación Nacional que puso fin a una semana de combates en la capital entre el movimiento Ansaralá, liderado por Abdelmalek al Huzi, y una parte del Ejército yemení apoyada por milicias armadas del partido de la Agrupación Yemení por la Reforma, que se considera una filial yemení del grupo suní de los Hermanos Musulmanes. El avance del movimiento Ansaralá hacia la capital fue rápido y sorprendente y recibió mucho apoyo popular porque los huzíes emplearon lemas de demandas que comparten amplios sectores de la sociedad yemení como la aceleración de la aplicación de las resoluciones de la Conferencia del Diálogo Nacional Global, la elección de un gobierno tecnócrata en el marco de una asociación nacional y la supresión de la decisión gubernamental de eliminar la subvención a los carburantes.

Los huzíes no podrían haber avanzado tan rápidamente sin haber contado, entre otras condiciones, con un amplio apoyo popular en las zonas que controlan. Un destacado diplomático yemení, que prefiere mantenerse en el anonimato, ha dicho que la gestión de los asuntos públicos por parte de los huzíes en las zonas que controlan es mejor que la gestión del Estado y esto es lo que les ha hecho ganarse la simpatía de la población. Según esta misma fuente, los huzíes también cuentan con la simparía de altos responsables del Estado yemení aunque no niega el apoyo iraní les haya ayudado a cosechar rápidas victorias.

El discurso del movimiento Ansaralá es un discurso doble que pretende siempre mantener un fuerte apoyo popular y antes de adoptar esas demandas mencionadas arriba, con el fin de salvaguardar ese apoyo, llevaron a cabo una campaña contra la provincia de Imrán para expulsar a las milicias armadas del partido Al Islah, individuos tribales armados afines al poderoso líder tribal Sadeq al Ahmar, jefe de la tribu Hashed y mandatario en ese partido suní. El movimiento de Ansaralá también admite combatir a sectores armados pertenecientes al asesor del presidente de la República, Ali Mohsen al Ahmar, cercano a los Hermanos Musulmanes quienes acusan a los huzíes de corrupción y de obstaculizar la aplicación de las resoluciones de la Conferencia del Diálogo Nacional Global. En su perfil de Facebook, Ali al Bajiti, un miembro del Consejo Político del movimiento Ansaralá anunciaba, después de que los huzíes se hicieran con el control de la provincia de Imrán, que estaban dispuestos a entregar todas las instituciones gubernamentales de la zona al Estado porque el objetivo de la ocupación de la provincia era «expulsar a los terroristas de la organización internacional de los Hermanos Musulmanes (en alusión al partido de la Agrupación Yemení por la Reforma) y a sus milicias aliadas en la ciudad de Imrán». Al Bajiti añadía que en Imrán se había producido una revolución en la que habían participado las diferentes tendencias políticas y que había posibilitado «el derrocamiento del reino de Al Ahmar» en alusión a la expulsión de las milicias y de las fuerzas militares pertenecientes a la tribu Al Al Ahmar en la ciudad. La otra cara del discurso huzí es la de su deseo de participar en el poder, y en el último acuerdo lograron hacerse con el derecho a que uno de sus miembros sea nombrado asesor del presidente de la República con amplias competencias, y con el derecho a participar en el nombramiento de los miembros del nuevo gobierno aunque fueron flexibles al negociar su demanda de reducir los precios de los carburantes.

El primer obstáculo ante este acuerdo surgió el pasado día 7 cuando el movimiento Ansaralá no aceptó que el presidente yemení encargara al director de su gabinete, Ahmad Ben Mubarak la formación de un gobierno de consenso nacional alegando que había sido una elección impuesta por varias embajadas extranjeras. Esta oposición obligó a Ben Mubarak, un tecnócrata, a no aceptar el encargo del presidente.

 

La revolución yemení

La revolución de los jóvenes yemeníes estalló a comienzos de 2011 y continuó en forma de protestas y manifestaciones populares hasta que Ali Abdalá Saleh dejó la Presidencia y fue elegido Abderrabu Mansur Hadi nuevo presidente del país en febrero de 2012. A pesar de la elección del nuevo presidente siguió habiendo manifestaciones populares de forma intermitente hasta que Mansur Hadi destituyó a los parientes de Saleh de altos cargos en las instituciones militar y de seguridad. La revolución yemení es también conocida como la Revolución del 11 de Febrero o la Revolución del 3 de Febrero.

 

La Conferencia del Diálogo Nacional Global arrancó el 18 de marzo de 2013 como marco para una transición política y para la reconstrucción del Estado tras la renuncia del presidente Saleh. El diálogo, patrocinado por el enviado de la Naciones Unidas para Yemen, Yamal Benomar, y en el que participaron todas las fuerzas políticas y locales (el movimiento Ansaralá y Al Harak al Yanubi) continuó hasta el 25 de enero de 2014 cuando vio la luz la Carta del Diálogo Nacional Global, que pone a Yemen en el cauce de la justicia de transición y establece los pilares de la transición a un Estado democrático moderno. A raíz de manifestaciones populares multitudinarias, el presidente Saleh renunció al poder aceptando firmar el 23 de noviembre de 2011, el plan de traspaso pacífico del poder que establecía la iniciativa de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y sus herramientas ejecutivas y en función de la cual se creó un gobierno de unidad nacional el 7 de diciembre de 2011 en el que participaron ministros del partido del ex presidente, miembros del Partido del Congreso Popular General y del partido de la Agrupación Yemení por la Reforma, que dirigió la revuelta popular contra el antiguo régimen junto a movimientos juveniles. Y aunque el movimiento Ansaralá participó en la revolución contra el régimen de Saleh, no participó en el gobierno de unidad nacional.

La Carta del Diálogo Nacional Global incluye una parte importante destinada a la provincia de Saada, bastión del movimiento Ansaralá que mantuvo varias guerras con el Ejército yemení antes de extenderse recientemente a otras provincias. La  carta trata el tema de Saada en gran parte por considerar que es una crisis entre el gobierno central, la población y la élite de esa provincia. Ofrece soluciones como garantizar la libertad de religión a la mayoría chií que vive allí, preparar un plan gubernamental global de desarrollo de la zona para superar la marginación que ha sufrido y compensar por las pérdidas generadas por las guerras contra las Fuerzas Armadas yemeníes. La carta obliga al movimiento Ansaralá a permitir al Estado que extienda su soberanía en Saada y también a entregar las armas como las demás milicias y a incorporar sus grupos armados a los aparatos de seguridad y el Ejército. No obstante, en cuanto finalizó la Conferencia del Diálogo Nacional Global, el movimiento Ansaralá aprovechó el vacío político en el país y la debilidad del Ejército para transformarse rápidamente en un movimiento con perspectiva nacional y su causa dejó de ser una crisis local o una cuestión de identidad o de marginación. El pasado mes de julio, tras hacerse con el control de Imrán, que separa Saada de Saná, y con amplios espacios en la provincia de Al Yauf, al este de Saada, el movimiento movilizó a sus partidarios en Saná explotando demandas sociales y enseguida asediaron y se hicieron con el control de todas las instalaciones del Estado en la capital, incluido el aeropuerto internacional, tras violentos choques con grupos militares afines a los Hermanos Musulmanes. El movimiento pasó a pedir ser socio del gobierno sin dar un golpe contra la legitimidad del presidente Abderrabu Mansur Hadi, a pesar de haberlo podido hacer dado el colapso de una parte de las Fuerzas Armadas yemeníes y a la neutralidad de otra parte. A pesar de que Ben Omar declaró en una entrevista concedida al diario saudí Okaz que «el Acuerdo de Paz y Asociación Nacional» firmado para frenar el agravamiento de la situación «no era un programa de un grupo político determinado sino un producto del acuerdo de todas las partes», los rasgos de las demandas de los huzíes y su victoria sobre el terreno en Saná tuvieron todo su peso a la hora de formular el contenido del acuerdo, que según el enviado de Naciones Unidas, es «la única salida que puede evitarle una guerra civil a Yemen».

Además del tema de la provincia de Saada, ha comenzado a resurgir con fuerza la tendencia separatista en el sur del país, que fue un Estado comunista independiente entre 1962 y 1990, la República Democrática Popular de Yemen, que luego se unió a la zona norte, a la República Árabe de Yemen. En 1994 estalló una guerra entre el norte y el sur que terminó con la recuperación del control del sur por parte de Saná. Tras esa guerra, el gobierno yemení propuso la iniciativa de retirar a un gran número de funcionarios y de militares del sur, quienes formaron asociaciones para defender sus derechos y de inmediato elevaron el listón de sus demandas. Cada vez fueron recibiendo más apoyo popular hasta que se convirtieron a partir de 2007 en un movimiento político conocido como Al Harak al Yanubi que pide la independencia del sur del país. Desde entonces el movimiento ha optado unas veces por la convocatoria de manifestaciones y otras por la confrontación armada contra las autoridades. A finales del año pasado, el presidente yemení acusó directamente a Irán de intentar desestabilizar el país ofreciendo apoyo a las facciones de Al Harak al Yanubi.

Además de los retos políticos, Yemen tiene que hacer frente al aumento de la fuerza de la organización Al Qaeda en la Península Arábiga, filial de Al Qaeda en la zona, la mayoría de cuyos combatientes son yemeníes y saudíes. Esta organización ha convertido las provincias del sur del país en el bastión desde el que ejecuta sus atentados terroristas contra las autoridades yemeníes y saudíes. Uno de los atentados más importantes que ha perpetrado en los últimos meses es el ataque con armas ligeras y explosivos contra el hospital Al Aradi dentro de un complejo del Ministerio de Defensa en Saná, en diciembre de 2013. El atentado dejó 56 muertos y 214 heridos y murieron 13 miembros de la organización, la mayoría de ellos de nacionalidad saudí. Al Qaeda en la Península Arábiga usó la revuelta popular en Saná para hacerse con el control de la provincia de Abyan en mayo de 2011, en el extremo sur del país, y con posiciones en otras provincias del sur. En junio de 2012 el Ejército yemení logró recuperar esa provincia y expulsar a los yihadistas a zonas montañosas alejadas donde fueron bombardeados por drones estadounidenses de forma continua. Desde eso momento la organización se ha centrado en ejecutar atentados selectivos especialmente en Saná, contra oficiales del Ejército y la policía y algunos mandatarios políticos como el representante de los huzíes en la Conferencia de Diálogo Nacional, el académico Ahmad Ashrafeddín, que fue asesinado a tiros en la capital el pasado 21 de enero. A finales del mes pasado, Al Qaeda dirigió un comunicado de advertencia a los huzíes armados a los que amenaza con «desperdigar sus cuerpos y hacer volar sus cabezas» y acusa de «completar el proyecto expansionista persa en Yemen». El 9 de octubre un suicida cumplía la amenaza inmolándose en medio de una manifestación de huzíes en Saná provocando más de 60 muertos.

Sin llegar al poder, el movimiento de Ansaralá se ha convertido en la facción más fuerte de Yemen, también gracias al control de Saná y de los aparatos de seguridad. Así lo demostraron al revocar la decisión presidencial de nombrar a Ben Mubarak primer ministro. Pese a que las disposiciones de la Conferencia del Diálogo Nacional Global apelan a la recuperación por parte del Estado de la soberanía en todo el territorio nacional, y piden a las facciones la entrega de las armas, los huzíes se comportan como un Estado dentro del Estado y como si ellos no tuvieran nada que ver con esas disposiciones, e incluso después de hacerse con el control de la capital, se hicieron con gran cantidad de armas del Ejército yemení y siguen manteniendo el control de las provincias que ya estaban bajo su poder lo que genera la impresión de que van estar fuertemente presentes en las decisiones del Estado en el futuro próximo, y dadas las amenazas de Al Qaeda contra ellos, y las discrepancias doctrinales, es probable también que se produzca un choque sangriento entre Ansaralá y la organización terrorista.

 

 

 

 

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *